Iba caminando por la Calzada de Tlalpan, cuando vi una barda pintada con una especie de mural: se trataba de dos niñas pequeñas y un zorro, las tres figuras en un bosque, y en medio se encontraba la leyenda “no dejes de sonreír”. Algo se movió dentro de mí, y decidí que cambiaría los planes que tenía para ese momento; ya habría otro día para aventarse de un puente.
No eras la gran cosa y ahora lo puedo ver. No eras tan bonita como te visualicé. No eras tan inteligente como te pensé. No eras tan graciosa como te escuché. No eras tan buena como lo creí. Sí, no eras la gran cosa, pero la verdad es que tampoco lo soy yo, y eso…
Me preguntaron hace poco qué era la felicidad, y en ese momento no supe responder. La interrogante se alojó en mi cabeza y en mi corazón, y algunos días después llegó a mí la siguiente imagen. La felicidad es sentir el calor del cuerpo desnudo de una mujer alojado junto a mí después de hacer…
Esto me ocurrió hace ya varios años, cuando era profesor de bachillerato. Una mañana, llegó una alumna a mi escritorio. En su rostro se podía observar una mezcla de desconcierto, incertidumbre y miedo, como si algo muy grave hubiese ocurrido. Esperó con cuidado a que todos los demás compañeros salieran al receso para que ella…
Entramos mi hermano y yo a ese bar en Berlín donde se estarían presentando The Ramones. La emoción era demasiada, ya que desde que teníamos 13 y 14 años esa había sido una de nuestras bandas favoritas, y por fin se había arreglado todo para que pudiéramos verlos.
Era verano, por lo que el calor era insoportable, y estando dentro de ese pequeñísimo recinto, se acentuaba todavía más lo alto de la temperatura. No tardamos en pedirnos un par de cervezas, lo más frías que se pudiera, y éstas llegaron casi de inmediato; cuando quisimos pagarlas, nos dijeron que eran gratis, lo que nos causó una enorme alegría. Chocamos los vasos y con una sonrisa nos dijimos “salud”.
Habíamos pedido un par de rondas más, cuando en esos momentos se apagaron las luces y pudimos ver salir a los miembros de la banda uno por uno. Sin previo aviso, escuchamos un “Good evening, Berlin!” y de inmediato, se oyó el icónico “1,2,3,4!”. Con furia y velocidad comenzó a sonar Rockaway Beach, Judy Is A Punk, Oh Oh I Love Her So, Chainsaw y Let’s Dance: cinco canciones en diez minutos; era exactamente como siempre lo habíamos imaginado. Estábamos ya empapados de sudor por no haber dejado de brincar y empujar en el slam.
Después de varios frenéticos minutos más, los ánimos se calmaron y comenzó I Wanna Be Your Boyfriend. Cantamos con tal fuerza y alegría, que yo sentía que esos coros podían escucharse hasta la Ciudad de México. En esos momentos comenzó una de nuestras piezas favoritas, Needles and Pins. Volteamos a vernos, porque sabíamos lo que esa canción significaba para los dos: todos aquellos amores de juventud, tanto míos como suyos volvieron en esos acordes; pedimos otras cervezas y volvimos a brindar mientras cantábamos a todo pulmón:
“I saw her today, I saw her face it was a face I love
And I knew I had to run away and get
Down on my knees and pray that they go away
Still it begins needles and pins
Because of all my pride the tears I gotta hide
Ohh I thought I was smart I stole her heart”
Por un momento volvimos a tener 13 y 14 años, con nuestras playeras negras paseándonos por el tianguis del Chopo. Fue en ese momento cuando me di cuenta que estábamos escuchando a la alineación original: ahí estaba Joey Ramone, y recordé que él ya estaba muerto; volteé a ver a mi hermano y supe que él también había muerto hacía ya algunos años, y entonces lo comprendí: yo también estaba muerto, y el cielo es un concierto interminable de The Ramones con cerveza gratis.
Aparece, como una epifanía, un nuevo imperativo en mi vida: ¡abraza el sufrimiento y abraza la oscuridad! Se trata de entrar al bosque y volverse uno con la bruma, copular con la noche y desintegrarse en la tierra. Se trata de entrar al bosque y hacer el amor con las ninfas de la melancolía,…
Como buen amante del cine que me considero ser, me he topado más de una vez con ciertas películas que resultaron ser un bocado un poquito más difícil de digerir que otros, y sé que, para ti que eres amante del denominado “séptimo arte” también te pasó alguna vez. Por eso, hoy te quiero compartir…
Los que siguen a su querido servidor desde hace tiempo, sabrán que soy un gran fanático de las series animadas y, de vez en cuando, llega una tan innovadora como irreverente e inteligente. Ese es el caso de Smiling Friends. Transmitida por primera vez en el año 2022 a través de Adult Swim, Smiling Friends…
Uno de los discos favoritos de Kurt Cobain era el Burning Farm de la banda de punk japonesa Shonen Knife. Así fue como yo me enteré de la existencia de esa agrupación y, siendo Nirvana una de mis bandas favoritas, me di a la tarea de buscar el álbum en cuestión. Burning Farm, grabado en…
El Pixel Art es una forma de creación de gráficos digitales en los que, como indica su nombre, los dibujos se hacen con base en el modelado de los pixeles, siendo estos la unidad mínima para la imagen digital. En el año 2017 vio la luz uno de los videojuegos con este tipo de arte…
El punk ha sido uno de mis géneros musicales favoritos de toda la vida. Comencé escuchando a The Ramones y a los Sex Pistols cuando tenía catorce años, y desde entonces mi repertorio ha aumentado, desde bandas consagradas y mundialmente conocidas como The Misfits, Dead Kennedys o Bad Religion, hasta proyectos más underground e independientes…
Hace un par de días decidí que era hora de organizar todo mi archivo fotográfico, tarea que llevo años posponiendo por las razones que ahora les contaré. Para mí, ver mi vida en aquellos fragmentos de realidad que se llaman “fotografías”, más allá de contentarme, se convierten casi en una automática declaración sobre cómo parece que todo lo he hecho mal. Es decir, que al contemplar toda una serie de circunstancias y personas que ya no se encuentran más en mi vida, de inmediato me reprocho que, todo lo que he hecho, ha sido para que aquello ya no sea más. Ahora bien, entiendo perfectamente la trampa que se esconde detrás de ello, y es el hecho de suponer que “todo pasado fue mejor”. En general, sabemos que las cosas no funcionan así; sabemos que a pesar de que en esas fotografías nos podemos reflejar tan felices o serenos como creíamos ser, en el fondo, también en ese pasado estábamos rodeados por toda una serie de problemas, sin embargo, esto sucede no sólo con nuestra vida personal, sino en general cuando nos la pasamos diciendo que “en nuestros tiempos la música era mejor”, o “en nuestros tiempos las películas eran mejores”, o, como dicta aquella frase que hoy en día está tan de moda, solemos decir “éramos felices y no lo sabíamos”. A pesar de que entiendo esa trampa tan recurrente para la condición humana, he desistido de mi tarea una vez más.
Hace unas semanas vi Retratos de una obsesión protagonizada por Robin Williams, y el diálogo que más me llama la atención de toda la cinta es aquel en el que se comenta que poder ver una fotografía nuestra es signo de que alguien se contentaba con nuestra existencia; alguien se tomó el tiempo para querer capturar nuestro paso por este mundo. Para mí, como ya dije, las fotografías son más esos testimonios que, en el fondo, nos dicen “esto ha muerto”, tal y como lo plantea Roland Barthes en La cámara lúcida. Si alguien se contentó por mi existencia en este mundo, lo único que yo puedo ver en las miles de fotografías que siguen sin clasificar (y que así seguirán otro rato) es el deseo imposible por querer que “eso” vuelva, incluyendo a la persona que fui yo mismo en todas esas situaciones. También sé que, si en diez años, yo encontrara una foto de mí mismo en esta época de mi vida, obviaría circunstancias tan complicadas como la pandemia de COVID-19 o la muerte de mi perro y terminaría por decir algo así como “ojalá las cosas pudieran ser tan sencillas como lo eran en ese momento”.
En la licenciatura en Filosofía, uno de los mejores amigos que tuve fue Rodolfo. Él era un gran fanático de un cantautor y escritor español llamado Javier Corcobado; alguna vez en mi adolescencia había escuchado ese nombre, pero nada más allá de eso. Fue Rodolfo quien me introdujo a la enigmática música de este nuevo…
“Una obra de arte de la animación que llegó en un mal momento a un mal lugar”, así describiría yo a Invasor Zim, serie creada por el controversial animador de cómics norteamericano Jhonen Vasquez que narraba las desventuras de un alienígena llamado Zim, cuyo objetivo era conquistar el planeta Tierra, pero quien era lo suficientemente…
El 23 de octubre del año en curso, Catalina entró a su baño y percibió un terrible olor, tan nauseabundo y asqueroso que en esos momentos comenzó a vomitar. La bilis que salía de sus intestinos volvió todavía peor la repugnante escena, sin embargo, pensó que se trataría de una anomalía ocasional. Hoy por la…
Salí de trabajar a las diez de la noche, aproximadamente. No soportaba las plantas de los pies, ni el cuello, ni mi espalda. Encaminarme hacia mi departamento sólo significaría otra noche más de insomnio, por lo que decidí salir a tomarme un trago. Llegué a un bar de “mala muerte” que se encontraba muy cercano a la Plaza de Garibaldi y el Eje Central. Entré y me pedí un ron con Coca-Cola y un mezcal; mis bebidas llegaron más rápido de lo que creí. A lo lejos, pude vislumbrar una figura femenina que se me hizo bastante conocida: se trataba de mi exesposa, con la cual había terminado hacía casi cinco años. Ella me reconoció también, me sonrió, tomó la cerveza que estaba bebiendo y se sentó en mi mesa. Nos saludamos como unos completos desconocidos, presentándonos y diciéndonos nuestros nombres como si fuese la primera vez que nos veíamos en nuestras miserables vidas. Ella me preguntó si le invitaba un trago, a lo que yo levanté la mano hacia uno de los meseros, y le dije que sirviera “lo que la dama deseara”. Pronto, llegó el “París de noche” que había pedido, y brindamos. Estuvimos platicando y bebiendo por horas: ella seguía pidiendo tragos, y con el paso de la noche, comenzó a coquetearme. Yo no podía encontrar en mis recuerdos las razones por las que habíamos terminado, y comencé incluso a fantasear que, en cualquier momento, me tomaría de la mano, y terminaríamos en algún hotel de paso haciendo el amor como en los viejos tiempos. Súbitamente, estiré mi cuerpo por encima de la mesa e intenté besarla; ella me empujó bastante molesta, puso una cara de desagrado – casi podría decir de “asco” – y pidió un trago más. Unos minutos después, recibió una llamada en su celular, se disculpó por tener que retirarse, se levantó y se fue. Desde mi asiento, pude ver cómo alguien la esperaba afuera, se dieron un beso y se fueron tomados de la mano. Ya solo en mi lugar, solté una enorme carcajada y recordé con claridad por qué todo se había ido a la mierda unos años atrás.
Dejen les cuento algo: los hombres cuando nos reunimos a beber hablamos de nuestros sentimientos, nos consolamos entre nosotros cuando las cosas se ven difíciles de sortear (lo que es casi siempre), lloramos y nos ofrecemos mutuamente el hombro para continuar llorando, escuchamos las penurias de los otros mientras las cajetillas de cigarro y las…
La gata de piel de fuego y ojos tiernos ya no vive más, ahora sólo quedan los tenues rayos del sol que apenas iluminan mi estancia, la cual se ha quedado sin muebles, ni esperanza. Únicamente perdura el viejo tatami derruido, devorado por el paso del tiempo, ese tatami que antaño era motivo de orgullo…
Cuando se piensa en la “obra maestra del cine de terror” la mayoría del público contestará que ese lugar le corresponde a El Exorcista, dirigida por William Friedkin y basada en la novela escrita por William Peter Blatty, sin embargo, hace unos años surgió una pieza que alcanzó la grandeza en términos de guion, actuación,…
Hace un par de semanas, una de las personas más cercanas a mí me dijo que me veía muy mal, y me preguntó si no sería bueno que tomara “chochos para la ansiedad”. Me reí y le contesté que no, no porque estigmatizara o menospreciara ningún tipo de tratamiento psiquiátrico (mi opinión sobre los psicofármacos no era, ni lo es ahora en estas líneas, el tema a discutir), sino porque, de verdad siento que actualmente en mi vida esa no sería la solución a ninguno de mis problemas; la conversación terminó ahí. Sin embargo, lo que me hizo pensar ese comentario es la manera en cómo es que las personas que me rodean – las cuales, ahora por la pandemia no son muchas, en realidad – es que me llegan a percibir. ¿Cuál sería en todo caso la razón (o las razones) para que alguien pueda recomendarme tomarme unos “chochos” para modular mis estados de ánimo? Lo pensé detenidamente, y más allá del comentario en cuestión, supuse que sí existen, por momentos, demasiadas cosas en las que tengo la cabeza puesta, para empezar: trabajo, familia, relaciones personales y amorosas, dinero, especialización y maestría y una tesis pendiente que sigo sin poder comenzar a escribir. Y como apunté más arriba, dije “para empezar”, porque después aparecen otros temas como mi gato, mis perros, sus alimentos y vacunas (más dinero), la situación del país, acomodar muebles, atender pacientes (más trabajo), escribir (más trabajo), saber que volví a fumar después de casi un año de no hacerlo, el coronavirus, la despensa quincenal (más dinero) y un sinfín de cosas más en las que se nos va la vida. Ante todo esto, podríamos tener dos opciones: entender que la mayoría de estas cosas se solucionan eventualmente e incluso llegar al ya conocido autorreproche en el que uno termina diciéndose a sí mismo que la mayoría de nuestros problemas son, en el fondo, tonterías. Acudir a este pensamiento que a veces es tan común en el que nos decimos que existen seres humanos con cuestiones a resolver mucho más difíciles que las nuestras. La otra opción es darles una importancia de cierta consideración a todos estos problemas y pendientes al punto en que lleguen días en los que, una simple conversación puede tornarse molesta, y que esas personas que nos rodean nos terminen recomendando acudir a algún tipo de pastilla para no estar “tan de mal humor”.
En estos días vino a mi mente el antiguo concepto helenístico de ataraxia, ese estado de imperturbabilidad en el que los hechos del mundo dejan de afectarnos. ¡Suena bien! Siempre me ha sonado bien la ataraxia, sin embargo, no sé si me sea posible alguna vez alcanzarla. Al corto plazo, lo dudo mucho. La idea que siempre me coquetea en la cabeza es que, tarde o temprano, los pendientes irán disminuyendo y esa “ansiedad” lo hará también, sin embargo, inmediatamente caigo en cuenta que esa es la ilusión neurótica por excelencia: pensar que algún día pasará algo así como que nos dejen de pasar cosas, lo que, por supuesto, se queda en el terreno de la ilusión.
Por el momento, son casi las dos de la mañana (otra vez) y si bien pienso que no necesito “chochos” para la ansiedad, sí me gustaría mucho servirme un trago. Maldita sea…
Me quedaba poco dinero en mis bolsillos, y con lo poco que tenía, decidí regalarle unos libros. Al entregárselos, me sonrío a medias con una mueca fría e hipócrita. Un año después volví a su departamento, y pude ver, en un rincón empolvado, los libros que le regalé todavía sin abrir, y ahí fue cuando…
Era diciembre del año 2011, y buscando recomendaciones discográficas en la red, llegó a mis manos The inside room de la banda 40 Watt Sun, y desde la primera vez que lo escuché, se clavó profundo en mi alma. La banda británica, perteneciente al subgénero del Doom Metal, había lanzado ese mismo año una pieza…
“El verdadero novio de México”, “El divo de Neza”, estos son sólo algunos de los motes con los que se le conocía al gran Charlie Monttana, un representante imprescindible de la historia del rock en México. Para mí, personalmente, se trata del exponente más grande del rock en nuestro país, no sólo por su larga…