Literatura para putas y drogadictos

La primera referencia que tuve en mi vida sobre la generación beat fue (aún sin yo saberlo en aquella lejana infancia) el ya clásico capítulo de Los Simpson en el que Bart falsifica una licencia de conducir. De entre las diversas hazañas que él, Milhouse, y Nelson llevaron a cabo con la identificación falsa, resalta la de entrar al cine y ver una película que, por su edad, no les estuviera permitida. La marquesina del establecimiento decía Naked Lunch y ponía énfasis en la clasificación para mayores de edad. Y es que sí, ¿qué niño de once años no hubiera querido entrar a ver una película titulada El almuerzo desnudo? El chiste de la escena es cuando los tres amigos salen de la función y por sus rostros es evidente que la película no fue lo que esperaban, al mismo tiempo en que Nelson comenta: “hay por lo menos dos grandes mentiras en ese título”.

La referencia cinematográfica a la que se hace alusión es a la película de David Cronenberg, basada en la novela del mismo nombre, es decir, El almuerzo desnudo de William Burroughs, cosa de la que me enteraría años después. Burroughs es sólo uno de los muchos autores que conformaron la llamada “generación beatnik”, una serie de escritores norteamericanos de mediados del siglo XX, cuyas principales características fueron la innovación en lo relativo a la forma y el contenido de la literatura norteamericana de ese momento.

De cara al contenido, los beat comenzaron a hablar sobre temas poco usuales para la época; tópicos como la homosexualidad, el sexo y la heroína. Un buen ejemplo de ello es la primera novela del propio Burroughs: Yonqui, obra que intenta ofrecer un esbozo sobre la adicción a la heroína desde la experiencia del propio autor. Cabe mencionar lo controvertido que para 1953, año de publicación de dicho texto, resultaba el tema de “la droga” (es decir, la heroína, única droga que merece llevar ese nombre, según Burroughs), tanto así que el autor debió escribirla bajo el seudónimo de William Lee. Existen frases en Yonqui que reflejan bien el estado quasi catatónico del adicto común y ordinario: “La droga llena un vacío […] Nadie decide convertirse en yonqui. Una mañana se levanta sintiéndose muy mal y se da cuenta de que lo es […] La droga no proporciona alegría ni bienestar. Es una manera de vivir”.

En lo que respecta a la forma, En el camino de Jack Kerouac fue escrito a la manera en que, según el propio autor, se improvisa el jazz. Se trata de un ejercicio literario, en el que así como el jazzista compone sobre la marcha el bebop, el escritor lanza manchas de tinta que se convierten en versos. En el camino de Kerouac está considerado como el “manifiesto” de la generación beat y un clásico de la literatura norteamericana del siglo XX. Es una novela en la que más de uno ha creído encontrar los antecedentes del movimiento hippie, y donde hacen sus primeras apariciones los hipsters – aunque poco o nada tienen que ver con los que hoy en día entendemos por hipsters –. El almuerzo desnudo de Burroughs, de igual manera, es un texto que rompe con cualquier intento de estructura narrativa convencional.

Por supuesto que la lista no se reduce a estos dos autores; textos como Aullido de Allen Ginsberg son piezas fundamentales del movimiento. A mí en lo personal, pocas cosas pueden gustarme tanto como encender un cigarro, servirme una copa de ron, poner un poco de música country y leer algo de los beatniks, imaginándome en un recorrido a través de la Colfax Avenue, redescubriendo ese otro Estados Unidos de los rebeldes y las prostitutas, de los amantes del jazz y de las letras, de los viajeros interestatales y los arqueólogos de historias citadinas; de las narraciones de amor y desamor de una noche en un hotel iluminado por luces de neón o de una fría estación de autobús. La lectura de cualquier libro de los beat es una invitación a viajar por ese Estados Unidos: ¿se lanzan?

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Escrito de un joven indecente leyendo a un viejo indecente

En mis años de preparatoria tenía un compañero que siempre me hablaba de Charles Bukowski, aunque no lo hacía a manera de recomendación, por el contrario, él sostenía que se trataba de un borracho que no sabía escribir y que siempre trataba los mismos temas de manera monótona; años después, un profesor de filosofía me comentó que gracias a la obra de Bukowski había podido considerar importantes aristas en lo relativo a cuestiones de bioética y sexualidad; finalmente, uno de mis alumnos de la licenciatura en Gastronomía me comentó que Bukowski le resultaba muy divertido, pero que como escritor le parecía que no valía mucho la pena. ¿Cómo es que un mismo autor podía despertar tantas pasiones tan antagónicas entre ellas? Como siempre, sólo había una forma de averiguarlo: leyéndolo.

Por aquel entonces hojeaba de manera apasionada a Nabokov, a Burroughs y a Kerouac, y escuchaba incansablemente a Chopin y a Rachmaninov, y recuerdo que la lectura de Bukowski irrumpió como un ladrón por la noche en esa época de mi vida.

Decidí leer todas sus novelas, aquellas en las que su personaje principal es Henry Chinaski, alter-ego del propio Bukowski. Comencé con La senda del perdedor, novela en la que se narran los primeros años de infancia del célebre personaje. Desde ese momento, leer a Bukowski significó para mí el enfrentamiento con una realidad asquerosa y miserable, esa que siempre está presente y de la que incluso hemos formado parte, pero conforme nos encerramos en universidades, cafés llenos de “intelectuales” y tiendas departamentales, nos olvidamos de que existe: me refiero a la realidad de los marginados. La historia de Chinaski es, en gran medida, la historia de muchos de nosotros: un personaje de clase media inmerso en la mediocridad de la rutina del asalariado, rodeado de la violencia ejercida por la autoridad o por los mismos compañeros de la escuela o el trabajo, lidiando con el sin-sentido de la cotidianidad enajenante, ésa que únicamente nos recompensa, de vez en cuando, con un trago de alcohol o un rato solitario de ocio y una vida que, no sabemos bien cómo o por qué, nos promete un futuro más brillante, pero que al mismo tiempo y sin darnos cuenta nos ha drenado décadas de nuestra existencia. Sí, esa es la vida de Henry Chinaski, y si algo me atrapó en la descripción de las desventuras de dicho personaje, es que en gran medida me sentí identificado con varias de ellas; en general, creo que todos podríamos sentirnos identificados con algún aspecto de la obra de Bukowski.

Borracheras, acostones, soledad, peleas, resacas y cruda moral, aburrimiento, el falso sentido de “éxito” en la vida, las relaciones amorosas, las carreras de caballos y el ocio, la pobreza, el remordimiento, el sexo, la fama, la literatura y el arte en general, el trabajo y la explotación capitalista y el desamor, son sólo algunos de los tópicos más recurrentes que he encontrado en la obra de Bukowski. Es un autor no apto para clasistas, porque aquí no hay grandes figuras retóricas ni elaboraciones literarias de profundidad; en Bukowski no hay una preocupación por la metáfora ni la metonimia, aquí lo que suena es la Música de cañerías de la que suelen estar inundadas algunas de las historias de estos personajes; no importa si se trata de Los Ángeles o de la Ciudad de México, siempre habrá algo que contar cuando, al calor de los tragos de alcohol, en alguna de esas avenidas llenas de prostitutas a altas horas de la noche, se ponga la atención suficiente para relatar esas historias.

Como lo dije al principio, la mejor forma de conocer a un autor es leyéndolo, por lo que ahora les dejo un regalo: una lista de las novelas de Bukowski que respeta la cronología biográfica de Henry Chinaski. Me explico: las novelas de Bukoswki no fueron escritas en el orden en que se desarrolla la vida de Chinaski, es decir, la primera novela de Bukowski no es aquella que nos narra la infancia de dicho personaje. Así que ahí va la lista y una breve descripción de cada novela:

1.- La senda del perdedor: como ya había mencionado, se trata de la narración de los primeros años de vida de Chinaski. Aquí leeremos sobre el abuso físico y emocional de su padre, el maltrato por parte de los compañeros en el colegio y sus primeras experiencias sexuales y etílicas.

2.- Factotum: la historia de un Chinaski que no puede encontrar un trabajo estable (y tampoco es que le interese mucho hacerlo), y que mientras persigue el sueño de volverse escritor, sólo encuentra refugio y entretenimiento en el alcohol y el hipódromo.

3.- Cartero: una de las novelas más divertidas que he leído. Fue cuestión de comenzar a leerla, y cuando menos me di cuenta, en un solo día la había concluido. Aquí encontramos a un Chinaski más maduro que, como lo dice el nombre del texto, trabaja en el servicio postal, sin embargo, las mujeres, la escritura y el alcohol siguen siendo el eje directriz de la vida del singular personaje. Es la primera novela de Bukowski, la cual fue escrita en tan sólo un mes.

4.- Mujeres: como lo indica su nombre, la presente novela gira en torno a la vida amorosa y sexual de un Chinaski que, para estos momentos, ya es un escritor ampliamente reconocido y famoso. Todas las mujeres que alguna vez lo habían rechazado, ahora regresan como fieles admiradoras, dispuestas a entregarse en carne y alma al autor en cuestión. Una novela que combina las descripciones más burdas, groseras y toscas de lo que puede ser una relación sexual, con importantes reflexiones sobre el sentido de las relaciones de pareja.

5.- Hollywood: la última novela que nos narra la vida de Chinaski. En ella se cuenta el encargo de la escritura de un guion sobre la propia vida del escritor. Al estar basada enteramente en la vida de Bukowski, en esta novela encontraremos referencias a importantes personajes como Sean Penn, Madonna y David Lynch. Una sátira implacable al estilo de vida norteamericano y sus falsos ídolos.

Como recomendación adicional, dejo una lista de otras obras de Bukowski:

1.- Pulp: se trata de la última novela escrita por Bukowski. No la incluí en el apartado anterior debido a que no sigue el hilo conductor biográfico de Henry Chinaski (aunque sí se le menciona). Se trata de una burla del propio Bukowski a las novelas de folletín (las Pulp Fiction, algo así como nuestro muy querido Libro vaquero), tanto así que el libro está dedicado “a la mala escritura”, y efectivamente, es una de las novelas más aburridas que he leído, aunque es imprescindible para los fans.

2.- Escritos de un viejo indecente: este texto es la recopilación de catorce meses de una columna semanal que Bukowski escribió para Open City, un periódico underground dirigido por uno de sus amigos. Dicha columna fue la que catapultó a Bukowski a la fama y el reconocimiento.

3.- El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco: recopilación del diario de los últimos días de Bukowski. Sin lugar a dudas, y dado que se trata de un Bukowski ya viejo y a punto de morir, podemos observar a un autor más introspectivo, filosófico y reflexivo.

4.- Se busca una mujer y La máquina de follar: ambos textos son recopilación de cuentos y narraciones cortas del autor.

En lo personal, considero que la obra de Bukowski puede tener la profundidad que cada quien sea capaz de encontrar en ella, y aun cuando no se le encuentre nada de profundo queda la siguiente interrogante: ¿quién dijo que toda la literatura tenía que ser necesariamente profunda? A veces una cerveza y un buen libro de Bukowski pueden ser las mejores armas para disfrutar de un tedioso sábado por la noche, o para no volver insoportable el periodo de tiempo existente para entrar y dar clases entre el horario del turno vespertino al nocturno, como lo fueron para un servidor.   

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