Close Enough y los tiempos que corren

Nunca he estado de acuerdo con clasificar a la gente de acuerdo al periodo en el que nacieron: boomer, millenial, “generación x”, etc. Me parece que dichos motes explican poco y dividen bastante. Al estudiar historia, me he dado cuenta que muchos pensamientos son cíclicos. Por ejemplo: los Textos de Historia del Arte de Plinio el Viejo comienzan diciendo que el arte de su época ya no es como el arte que le antecedió, es decir, que un romano del siglo I dice exactamente lo que dijeron nuestros padres de la generación anterior, lo que muchos de nosotros decimos, y lo que, seguramente, dirán las generaciones venideras en su momento. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan particularidades a la hora de analizar la vida de cada uno de los sujetos históricos.

Close Enough, serie creada por J.G. Quintel, la mente detrás de Un show más (A Regular Show), es una divertidísima comedia animada que muestra cómo es que los que nacimos alrededor 1989 nos enfrentamos a los retos de la actualidad.

La serie nos presente, entre muchos otros personajes, a Emily y a Josh, quienes ante una difícil situación económica, comparten hogar con Alex y Bridgett (quienes, por cierto, estuvieron casados hace ya unos años). La joven pareja tiene una hija, Candice, a quien aman profundamente pero que, con la brecha generacional existente, comprenden poco, sin embargo, se esfuerzan más allá de todos los límites por darle una educación adecuada y la atención que merece su pequeña hija.

Con un humor muy ácido e irreverente, Close Enough nos muestra todas las peripecias de lo que significa crecer y enfrentar la paternidad en tiempos de los “Funko Pop”. Llevando el humor al que nos tenía acostumbrado en A Regular Show, J.G. Quintel nos ofrece una comedia donde encontraremos desde situaciones inverosímiles como la aparición de un caballo “mágico” o el encuentro con un “humano perro”, hasta parodias de Goodfellas de Scorsese.

¿Y ustedes, ya le echaron un ojo a Close Enough?

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«Levantarse temprano»

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«No dejes de sonreír»

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«The Irishman» o por qué la vida no tiene sentido

Antes de cualquier cosa, quisiera decir que esta no es una reseña sobre la película del 2019 dirigida por Martin Scorsese, y es por eso mismo que no aparece en la sección de Vulpes Videns, es más una reflexión sobre el significado que, para mí, tiene dicha cinta. En ese sentido, es necesario mandar una alerta de spoiler y también decir que no me dedicaré a describir la sinopsis de la película.

¿De qué trata The Irishman y por qué considero que es uno de las obras maestras de Scorsese? Para mí, El Irlandés es una película con dos tópicos claves: el tiempo y la muerte. Desde el primer plano secuencia con el que comienza la cinta, acompañado de In The Still Of The Night de The Five Satins, se me pusieron los pelos de punta (incluso ahora mientras escribo esto, vuelvo a sentir escalofríos); el sello inconfundible de Scorsese que nos recuerda, de inmediato, a otras obras como Goodfellas y Casino se hace presente desde los primeros segundos. Después, nos encontramos con Frank Sheeran, interpretado por una de las insignias de Scorsese, Robert De Niro, quien comienza a contar su propia historia con una de las frases más memorables de toda la cinta, aquella en la que se hace referencia a la actividad de “pintar casas”. Sheeran se muestra a lo largo de toda la película a un hombre de familia, miembro de la clase trabajadora, pero que, por una o por otra cuestión, termina viéndose involucrado en el mundo del crimen organizado. “El Irlandés”, como es apodado, se vuelve el protegido de Russell Bufalino, interpretado por otro de los baluartes de la filmografía de Scorsese, Joe Pesci, quien termina conectándolo con el famoso Jimmy Hoffa (Al Pacino), con quien Sheeran establece una relación no sólo de cuidado y protección, sino de profunda amistad y cariño, lo que convierte a toda la cinta en una verdadera tragedia cuando él es el encargado de asesinarlo.  

El Irlandés es una cinta con una duración de casi cuatro horas, pero ahora, quisiera centrarme en los últimos minutos de ésta. Después de una vida de lujos – incluyendo filetes de carne de la mejor calidad – podemos observar la vida de nuestros protagonistas en la cárcel, momentos en los cuales Bufalino es incapaz de poder masticar su propia comida; se trata de uno de los grandes capos de la mafia quien ahora no puede ni siquiera tragar un pedazo de pan sin la ayuda de alguien más. Sheeran termina completamente solo en el mundo, pagando las consecuencias de su vida criminal, con el amor perdido de una hija que termina odiándolo y despreciándolo al darse cuenta, desde pequeña, de la vida de violencia, crimen y asesinato que su padre llevó siempre; la escena en la que él, apenas pudiendo caminar, se acerca a su trabajo para poder hablar con ella y en la que al instante de verlo sale corriendo para ni siquiera cruzar miradas con él se siente sinceramente desgarradora.

Preguntemos de nueva cuenta: ¿de qué trata The Irishman y por qué la considera una de las obras maestras de Scorsese? Pues bien, The Irishman es una reflexión dolorosa y aguda sobre el sentido de la vida, disfrazada de una película sobre mafia. Tanto Bufalino como Sheeran terminan por recordarnos algo esencial de la existencia humana: no importa lo que hayas hecho en la vida, o qué tan importante te hayas creído en su momento, todos terminamos en el mismo lugar: la tumba (aspecto que me parece que refleja bien la cita del evangelio de San Marcos 8:36 que reza “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”). La escena que nos muestra esto de manera definitiva es aquella en la que un Sheeran viejo y derrotado en un asilo se encuentra viendo una serie de fotografías mientras una enferma lo atiende; él, al observar una foto con Hoffa, se la muestra con una mezcla de nostalgia y orgullo a la enfermera, preguntándole si sabe con quién está; Hoffa fue uno de los hombres más poderosos de su tiempo, por lo que Sheeran piensa que la enfermera se asombrará, sin embargo, ella termina por decirle que no tiene ni idea de quién es el hombre de la foto. Ahí podemos ver, quizá, el punto más álgido de toda la cinta: un hombre al que no le queda ninguna cosa más que sus recuerdos, los cuales, por más valor que él pretenda darles, cae en cuenta que lo que para él significó el punto más alto de su vida, para el resto del mundo todo ello es indiferente. ¡Eso es The Irishman! Una obra que nos dejar ver que, incluso para los más “poderosos”, para aquellos seres humanos que piensan que mueven y controlan el mundo, al final nada de ello importa. ¿Cuál sería, en consecuencia, el sentido de la vida? Llámenme pesimista, pero creo que la lección que deja The Irishman es precisamente que la vida no tiene sentido. Aquí tenemos a un hombre quien muere solo la noche de Navidad, y quien está lleno de memorias que buscar compartir, pero que sólo serán escuchadas por un sacerdote debido a la compasión.

Otra escena memorable es cuando el FBI interroga a Sheeran, y le piden que, después de varias décadas, confiese el asesinato de Hoffa; al preguntar por su abogado, los agentes le dicen que él ya murió, a lo que Sheeran pregunta con asombro “¿quién lo hizo?”, acostumbrado a suponer que se trató de un asesinato en el marco de un ajuste de cuentas, sin embargo, los agentes le responden que: “fue el cáncer”, golpeando a Sheeran una vez más con la conciencia del tiempo y la fugacidad de la vida.

Esta era una entrada que yo ya tenía en mente publicar desde hace tiempo, sin embargo, estas últimas semanas me han puesto de relieve los temas que son tratados en The Irishman. Dedicamos nuestras vidas a cosas que consideramos que son las más importantes, cuestiones que nos resultan innegociables, pero al final, quizá nos encontramos con ochenta años con la mirada perdida, aturdidos en una silla, completamente solos, y pensando que aquello a lo que le dedicamos nuestra existencia no nos sirvió para la gran cosa. Pienso ahora también en The Godfather III de Francis Ford Coppola, filme en el cual podemos ver en la última escena una situación bastante parecida a la de El Irlandés, donde vemos a Michael Corleone (Al Pacino de nueva cuenta), morir en absoluta desolación. Al igual que Sheeran, los dos fueron hombres poderosos, los dos mueren sin que ningún ser humano se dé cuenta de que han abandonado este mundo, y los dos perdieron a sus hijas, aquellas que en repetidas ocasiones dan a entender que se tratan de “lo más importante de su vida”, sin embargo, todas sus acciones se encaminaron a que una terminara siendo asesinada, y la otra, cortara de manera tajante y absoluta la relación con su padre. Y esta es otras de las contradicciones de la vida humana que The Irishman me pone a pensar: la manera en cómo podemos decir “mil y una cosas” sobre lo que se supone que es importante para nosotros en la vida, pero nuestras acciones nos llevan a lugares completamente distintos. Si recordamos ahora a Tony Soprano (The Sopranos) y a Walter White (Breaking Bad), veremos otros dos ejemplos de personajes que no se cansaron de decir que su familia era lo más importante, pero sus acciones siempre estuvieron encaminadas a poner a su propia familia por debajo de sus otros intereses. Todos ellos son personajes que abandonaron “lo más importante para ellos” por algo más, en este caso, su trabajo.

En contraposición a estos personajes, en la ficción encontramos también a Michael Scott (Steve Carell) de The Office, personaje que ha dedicado su vida al trabajo, pero cuando tiene la oportunidad de obtener lo que siempre ha anhelado – una familia – decide dejarlo todo por ir tras esa ilusión. Años después, en el último capítulo de la serie, lo vemos recompensado por sus decisiones, aquellas que implicaron dejar a un lado parte importante de su ego, y viviendo una vida feliz.

The Irishman es una cinta que nos dibuja a un hombre que termina por comprar su propio ataúd, porque sabe que nadie más lo haría; ¡Esa es la crudeza de la cinta y lo que nos quiere poner a pensar! Cómo es que cada uno de nosotros terminará viviendo sus vidas, y qué tanta importancia le damos a lo que hacemos a lo largo de nuestra existencia, porque, todo parece indicar, que al final, por más importantes, indispensables o poderosos que nos sintamos, o por más que sintamos que no podemos renunciar a lo que estamos haciendo, lo único que conseguimos es ahorrar para comprar nuestro propio ataúd; ahí es donde comprendemos que la vida, tal y como me parece que nos expresa The Irishman, en realidad, no tiene ningún sentido.

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«Levantarse temprano»

No podía creer lo lentos e iguales que pasaban todos los días. Se trataba de una rutina interminable en la que nada nuevo acontecía. ¿Cuánto tiempo más me faltaba por vivir así? ¿cinco, diez, veinte años? Mi vida era una tortura inacabable que no sabía por cuánto más podría sostener.

Una noche, decidí ir a buscar una prostituta; no tenía amigos, ni familia, por lo que no existía una sola alma en el mundo con quien pudiera charlar. Al llegar con ella, inmediatamente preguntó:


– ¿Qué es lo que vas a querer?

–  Quiero platicar contigo

– Suelen ser bichos raros los tipos como tú que contestan esas cosas

– Acertaste, nena

Supongo que, después de todo, las arrugas en mi rostro, mis ojeras, mi cabello canoso y maltratado y el fuerte hedor a cigarro y sudor que despedía no fueron suficientes para asustarla, por lo que, encogiéndose de hombros, comenzó a caminar a mi lado.

Llegamos a una cantina de muy mala muerte; el olor a orines de los baños se podía respirar en la mesa en la que estábamos. Me senté, pedimos un par de tragos, y encendí un cigarrillo sin decir nada.

– Para querer platicar, no eres alguien muy bueno conversando – dijo ella casi burlándose de mí. Y tenía razón, la última vez que había hablado con una mujer había sido unos años atrás con mi exesposa, quien ahora vive en California y tiene dos hijos. Aun con lo que ella me dijo, no solté ni una sola palabra. Ella comenzó a fumar también, y me preguntó si tenía esposa, o a qué me dedicaba, pero yo, de nueva cuenta, no dije nada. Comenzaron a llegar los tragos y los fuimos consumiendo velozmente sin siquiera mirarnos los rostros. Después de sesenta minutos, me dijo que mi tiempo se había acabado:

– Lo siento, guapo, me voy, tengo que levantarme temprano – y una vez dicho eso, se fue.

En esos momentos la envidié con todo mi corazón y con todas mis fuerzas, debido al hecho de que ella tenía una razón, sea cual sea, para levantarse a la mañana siguiente; para mí, sólo existían los tragos y los cigarros que aun continuaban sobre la mesa, y después de eso, todo volvería a ser exactamente igual que el día anterior.

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«¿Lo sabes?»

– Sí sabes que tu trabajo es una mierda, ¿verdad? – No tienes ningún derecho a juzgarme – No te estoy juzgando, sólo te pregunto si sabes que tu trabajo es una mierda – Sí, lo sé. – ¿Y sabes que lo nuestro es una mierda también? – Me vas a hacer llorar – No, … Leer Más «¿Lo sabes?»

«Pictures of you»

Hace un par de días decidí que era hora de organizar todo mi archivo fotográfico, tarea que llevo años posponiendo por las razones que ahora les contaré. Para mí, ver mi vida en aquellos fragmentos de realidad que se llaman “fotografías”, más allá de contentarme, se convierten casi en una automática declaración sobre cómo parece … Leer Más «Pictures of you»

«No dejes de sonreír»

Iba caminando por la Calzada de Tlalpan, cuando vi una barda pintada con una especie de mural: se trataba de dos niñas pequeñas y un zorro, las tres figuras en un bosque, y en medio se encontraba la leyenda “no dejes de sonreír”. Algo se movió dentro de mí, y decidí que cambiaría los planes que tenía para ese momento; ya habría otro día para aventarse de un puente.

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«10 películas para el verano»

El verano está a punto de terminar, y debido a la situación extraordinaria que como humanidad estamos viviendo gracias al COVID-19, el cine ha sido un gran refugio para muchos de nosotros, es por eso que, en esta ocasión, decidí escribir sobre 10 películas para poder distraernos un rato en la comodidad de nuestros hogares. Con esta breve selección, ustedes podrán decidir si echarse un maratón de varias horas, o bien, irlas dosificando a lo largo de algunos días. La lista que presento a continuación no tiene ningún criterio, es decir, no están pensadas a partir de su género, ni de su temática, ni de su nacionalidad, son sólo 10 obras que han venido a mi memoria y que considero que pueden resultarles interesantes o entretenidas, por lo que aquí encontrarán desde cintas de terror y comedias “palomeras” hasta obras que han sido consideradas como “de culto”.

1.- Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979: Empezamos fuerte la lista con una de las obras más espectaculares y acabadas de la historia de la cinematografía; quizá parezca exagerada mi afirmación, pero cualquiera que se siente a ver con seriedad Apocalypse Now se dará cuenta de la obra maestra que esta película sigue siendo hasta nuestros días. Es difícil no quedarse atónito frente a escenas tan icónicas como la de los helicópteros acompañados de La Cabalgata de las Valkirias de Wagner. No sólo la producción y la dirección son monstruosas, sino que las actuaciones de Martin Sheen, Robert Duvall y Marlon Brando resultan ser todo un regalo a la historia de la cinematografía. Apocalypse Now, me parece, toma de pretexto a la guerra para hablar de uno de los espacios más oscuros del alma humana: el horror. La película parte del horror de la guerra para reflexionar sobre cómo ese horror puede incrustarse en el alma de una persona, desconfigurándola por completo. Una vez que se ha vivido el verdadero horror, no hay retorno posible, y Apocalypse Now nos muestra esta experiencia desgarradora con inteligencia y profundidad. Algunas frases de esta cinta se han convertido en parte de la cultura popular, como la célebre “I love the smell of Napalm in the morning”. En lo personal, recomiendo ver la versión Redux, que es la de mayor duración; con sus casi 3 horas de duración (las cuales para mí pasaron como 5 minutos) es mi versión favorita, aunque muchas personas prefieren quedarse con el corte de hora y media. Ustedes elijan.

2.- Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987: Seguimos con otro peso pesado del cine del siglo XX, y aquí encontramos a Stanley Kubrick en una de sus últimas cintas: Cara de guerra, como es más conocida en Latinoamérica. Al igual que Apocalypse Now, Cara de guerra nos sumerge en ese inframundo surrealista que termina por ser el delirio bélico. Como en Naranja Mecánica o en Ojos Bien Cerrados, aquí también se deja ver la maestría de Kubrick en la dirección: desde la elección de la banda sonora (empezando con la melodía Country de Hello Vietnam), hasta la obsesión casi insana en los pequeños detalles. Con frases ya representativas de la cultura pop como “Me so horny, me love you long time”, Full Metal Jacket es una cinta que no le da tregua al espectador, pasando de lo cómico y lo absurdo a lo inesperadamente crudo y cruel; moviéndose entre la decisión sobre si matar a o no a una pequeña vietnamita de 13 años, a cantar con alegría y regocijo una canción sobre Mickey Mouse; quizá en esto radica el absurdo de la guerra, cosa que Cara de guerra estaría poniendo sobre la mesa, porque al final, y como dice uno de los personajes principales: “los muertos sólo saben una cosa: es mejor estar vivo”.

3.- Gegen die Wand, Fatih Akin, 2005: Siempre que tengo ganas de ver alguna cinta que termine por hacerme sentir profundamente triste y desconsolado, elijo alguna del director turco-alemán Fatih Akin. Contra la pared es una historia de amor poco convencional, que tiene lugar entre drogas, violencia, asesinato y mucho Post-Punk. Ante un intento fallido de suicidio, Cahit terminará en una clínica psiquiátrica en la que conocerá a Sibel, una joven bella y en apariencia alegre la que, sin embargo, está ahí por intentarse suicidar en repetidas ocasiones. Inesperadamente, Sibel le pedirá a Cahit que se case con ella; sus motivos, desconocidos hasta ahora por el espectador y por el propio Cahit irán apareciendo poco a poco. ¿Lograrán Sibel y Cahit permanecer juntos?

4.- Tropa de élite, José Padilha, 2008: Al líder del BOPE (Batalhão de Operações Policiais Especiais) el capitán Roberto Nascimento se le ha encargado una misión que por todos lados parece imposible: limpiar las favelas de Río de Janeiro ante la visita del papa Juan Pablo II a dicha ciudad. Nascimento busca rechazar la misión debido a que está a punto de convertirse en padre, y desea alejarse de una vez por todas de la violencia imparable y del círculo interminable de corrupción que su trabajo le ha significado durante toda su vida. Ante la negativa de sus superiores de que rechace la difícil operación, Nascimento comienza a buscar un sucesor para poderse retirar después de asegurar que la visita del papa no se vea manchada por ningún incidente relacionado con el mundo del narcotráfico que inunda a las favelas. En el proceso, Nascimento comenzará a experimentar un lento pero seguro descenso a los infiernos. En su camino, se encontrará con Matías, un joven policía y estudiante de Derecho lleno de ideales quien descubrirá que el mundo de la política es más difícil que leer y comprender Vigilar y castigar de Michel Foucault.

5.- Todo un parto, Todd Phillips, 2010: Del director de The Hangover – ¿Qué pasó ayer? en Latinoamérica –, llega Due Date. Con un casting de primer nivel conformado por Robert Downey Jr., Zach Galifianakis, Juliette Lewis y Jamie Foxx, la cinta nos narra de forma hilarante toda una serie de circunstancias inverosímiles derivadas de un malentendido en un aeropuerto. Peter Highman es obligado a abandonar un vuelo y se ve forzado a emprender un largo viaje en carretera junto a la persona por la que lo echaron del avión, Ethan. Sin dinero, sin licencia para conducir y sin la posibilidad de tomar un avión debido a que fue incluido en una lista negra para volar, Peter tendrá que aguantar todas las excentricidades de Ethan, ¿la razón? Su hijo está por nacer al otro lado del país. Esta es una clásica Road Movie, en la que toda la acción cómica tiene lugar a lo largo del viaje y se desprende de lo disparato de las situaciones. En lo personal, esta cinta hizo que Zach Galifianakis terminara por convertirse en uno de mis comediantes favoritos. Escenas como en la que suena Hey You! de Pink Floyd, cuando Ethan “interpreta” una escena de El Padrino, o el cameo final con una parodia de Two And A Half Men, siempre hacen que termine atacándome de la risa.

6.- Knocked Up, Judd Apatow, 2007: Esta es una clásica película de Judd Apatow: tenemos a Seth Rogen, a Jonah Hill, a su esposa Leslie Mann, a Paul Rudd, dura más de 120 minutos, y pretende combinar comedia que podríamos incluso catalogar de “absurda” con algunas reflexiones sobre la condición humana; en lo personal, creo que esta pieza lo logra bastante bien. La cinta no deja de ser entretenida e hilarante, sin dejar de entregarnos momentos de muchísima emotividad. La premisa es simple: Alison Scott (Katherin Heigl) sale a festejar una noche un ascenso en su trabajo, conoce a un joven agradable llamado Ben Stone (Seth Rogen) y después de unos tragos deciden pasar la noche juntos. Al siguiente día descubre que el tipo es un completo perdedor y que haberse acostado con él fue todo un error, por lo que se despiden para no verse nunca más, el único problema es que Alison se entera un par de meses después que está embarazada. A partir de ahí se desarrolla toda la cinta, en la que se tocarán temas como la amistad, el sexo, el compromiso, el trabajo, las relaciones de pareja y, por supuesto, la maternidad y la paternidad.

7.- The Green Inferno, Eli Roth, 2014: Del director de Hostal nos llega una obra llena de tripas, sangre, carne y diarrea. The Green Inferno es el homenaje de Roth a Holocausto Caníbalde Ruggero Deodato, la película más censurada de toda la historia del cine. En Caníbales – como fue traducida para Latinoamérica – nos encontramos con Justine, una estudiante universitaria que siente que debe involucrarse de manera más activa en los movimientos sociales de su tiempo, para ello, se inscribe en un grupo de activistas quienes en unas semanas tienen planeado viajar a la selva amazónica para proteger a una tribu indígena de la deforestación a manos de una empresa transnacional. En el camino, los jóvenes sufrirán un accidente que los dejará varados en medio de la selva, donde tendrán un encuentro con una de las tribus que habitan el lugar y en la que el ritual del canibalismo y de la mutilación genital son una de las bases del tejido social. Ya se imaginarán la manera en que, a partir de ahí, se comenzarán a desarrollar los sucesos.

8.- Tesis, Alejandro Amenábar, 1996: Ángela (interpretada por Ana Torrent) es una estudiante universitaria que se encuentra en el proceso de realización de su tesis, la cual tiene por tema la violencia en los medios audiovisuales. Como todo estudiante que debe presentar una tesis (¡díganmelo a mí!), la cosa va lenta y llena de dificultades, por lo que decide encontrarse con Chema (Fele Martínez), un compañero de la facultad que es conocido por su personalidad hostil y antisocial y por la enorme cantidad de cintas sobre mutilaciones, asesinatos, ejecuciones y sexo violento que él posee. En el proceso, el director de tesis de Ángela muere en extrañas circunstancias al observar una cinta, la cual, Ángela roba y se la lleva a su casa. A partir de ese momento, y a raíz del contenido de la cinta, Ángela y Chema se ven involucrados en lo que podría ser una red de cintas Snuff (películas supuestamente reales en las que se secuestra, se tortura y se mata a seres humanos con el fin de distribuir dichas grabaciones). La película es para estómagos fuertes, y todo aquel que la soporte será recompensado con una cinta que nos mantiene al borde del asiento de principio a fin. La dirección de Amenábar es extraordinaria, y el guion está lleno de “giros de tuerca”, volviendo a Tesis una experiencia cinematográfica de otro nivel.

9.- Samaritan Girl, Kim Ki-duk, 2004: Esta es una de mis cintas favoritas, en la que se narran los planes de dos jóvenes amigas, Jae-Young y Yeo-Jing por emprender un viaje a Europa. A ambas se les ocurre que la forma más fácil de obtener los recursos económicos para dicho plan es prostituirse. Desde ahí, las tragedias comienzan a acontecer. No puedo decir mucho más sobre esto, ya que esta es una de esas películas donde cualquier pequeño detalle puede arruinar la experiencia de verla. En general, es cruda y conmovedora a la vez, con una banda sonora triste y nostálgica, en la que vamos viendo a los personajes sumergirse en la desdicha y en el dolor, hasta llegar a un punto de “no-retorno”. Particularmente, el drama que vive el padre de Yeo-Jing me parece sinceramente desgarrador, amando profundamente a su hija, y viéndose orillado a tomar una decisión que ningún padre en el mundo quisiera tomar. La cinta de Kim Ki-duk nos habla sobre el amor y la amistad, pero también sobre el crimen, el odio y la venganza, combinando todo en un paisaje de ensueño que tiene lugar en las calles de Corea.

10.- Good Bye, Lenin!, Wolfbang Becker, 2003: Adiós a Lenin es una película que nos narra los últimos años de lo que fue la República Democrática Alemana, también conocida como la Alemania Oriental. Ahí nos encontramos con Christiane Kerner (Katrin Sass) una madre que ha dedicado toda su vida al cuidado de sus hijos y al apoyo incondicional y abnegado al Partido Socialista Unificado de Alemania. Su hijo Alexander (Daniel Brühl) conforme va creciendo, comienza a cuestionar los ideales de su madre, lo que origina una serie de discusiones y conflictos entre ambos. Llegado cierto momento de la película, Alexander deberá tomar toda una serie de decisiones para cuidar la salud física y mental de su madre, momento en que las diferencias ideológicas entre uno y otro serán más débiles que el amor que él le profesa a su progenitora. En el camino se encontrará con Lara (Chulpán Jamátova) con quien comenzará una relación romántica y que le abrirá toda una nueva panorámica, obligándolo a también cuestionarse todo el sentido de las acciones que está llevando a cabo. Con música compuesta por Yann Tiersen (Amelie), Adiós a Lenin es una obra divertida y conmovedora, que nos hace preguntarnos por el alcance de nuestras ideas, por la familia, por la política, la historia, y por qué es lo que pasa cuando todo nuestro sistema de creencias se derrumba de la noche a la mañana.

Ha habido muchas películas que no he incluido en la lista porque deseo hablar de ellas con mayor profundidad más adelante, ya sea aquí en el blog o con algún video en el canal de YouTube, por lo que les pido que si desean que profundice en algunas de las cintas que he puesto aquí ahora, me lo hagan saber. ¿Y ustedes, cuántas películas de esta lista ya conocían? ¿Cuántas tienen pensadas ver?

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Escrito de un joven indecente leyendo a un viejo indecente

En mis años de preparatoria tenía un compañero que siempre me hablaba de Charles Bukowski, aunque no lo hacía a manera de recomendación, por el contrario, él sostenía que se trataba de un borracho que no sabía escribir y que siempre trataba los mismos temas de manera monótona; años después, un profesor de filosofía me … Leer Más Escrito de un joven indecente leyendo a un viejo indecente

Elvis nunca se equivoca, o el libro que me salvó la vida

Existen libros que por el momento de la vida que estamos viviendo definitivamente nos dejan una marca; en esta ocasión quiero hablarles de un texto que marcó la época más difícil por la que he tenido que atravesar. La semana en que murió mi hermano fue la más complicada de toda mi vida. Faltaba algo: … Leer Más Elvis nunca se equivoca, o el libro que me salvó la vida

«Needles and Pins»

Entramos mi hermano y yo a ese bar en Berlín donde se estarían presentando The Ramones. La emoción era demasiada, ya que desde que teníamos 13 y 14 años esa había sido una de nuestras bandas favoritas, y por fin se había arreglado todo para que pudiéramos verlos.

Era verano, por lo que el calor era insoportable, y estando dentro de ese pequeñísimo recinto, se acentuaba todavía más lo alto de la temperatura. No tardamos en pedirnos un par de cervezas, lo más frías que se pudiera, y éstas llegaron casi de inmediato; cuando quisimos pagarlas, nos dijeron que eran gratis, lo que nos causó una enorme alegría. Chocamos los vasos y con una sonrisa nos dijimos “salud”.

Habíamos pedido un par de rondas más, cuando en esos momentos se apagaron las luces y pudimos ver salir a los miembros de la banda uno por uno. Sin previo aviso, escuchamos un “Good evening, Berlin!” y de inmediato, se oyó el icónico “1,2,3,4!”. Con furia y velocidad comenzó a sonar Rockaway Beach, Judy Is A Punk, Oh Oh I Love Her So, Chainsaw y Let’s Dance: cinco canciones en diez minutos; era exactamente como siempre lo habíamos imaginado. Estábamos ya empapados de sudor por no haber dejado de brincar y empujar en el slam.

Después de varios frenéticos minutos más, los ánimos se calmaron y comenzó I Wanna Be Your Boyfriend. Cantamos con tal fuerza y alegría, que yo sentía que esos coros podían escucharse hasta la Ciudad de México. En esos momentos comenzó una de nuestras piezas favoritas, Needles and Pins. Volteamos a vernos, porque sabíamos lo que esa canción significaba para los dos: todos aquellos amores de juventud, tanto míos como suyos volvieron en esos acordes; pedimos otras cervezas y volvimos a brindar mientras cantábamos a todo pulmón:

“I saw her today, I saw her face it was a face I love

And I knew I had to run away and get

Down on my knees and pray that they go away

Still it begins needles and pins

Because of all my pride the tears I gotta hide

Ohh I thought I was smart I stole her heart”

Por un momento volvimos a tener 13 y 14 años, con nuestras playeras negras paseándonos por el tianguis del Chopo. Fue en ese momento cuando me di cuenta que estábamos escuchando a la alineación original: ahí estaba Joey Ramone, y recordé que él ya estaba muerto; volteé a ver a mi hermano y supe que él también había muerto hacía ya algunos años, y entonces lo comprendí: yo también estaba muerto, y el cielo es un concierto interminable de The Ramones con cerveza gratis.

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Humor y guerra nuclear

¿Qué pensarían si les dijera que una película de comedia estuvo a punto de ocasionar un conflicto diplomático de dimensiones globales, involucrando la activación de ojivas nucleares y, en consecuencia, el exterminio de miles de seres humanos? No, no estoy exagerando, eso es lo que a más de uno nos pareció que podía ocurrir con … Leer Más Humor y guerra nuclear

«F is for Family»: ¿un retrato «normal» de la familia norteamericana?

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«¿Lo sabes?»

– Sí sabes que tu trabajo es una mierda, ¿verdad?

– No tienes ningún derecho a juzgarme

– No te estoy juzgando, sólo te pregunto si sabes que tu trabajo es una mierda

– Sí, lo sé.

– ¿Y sabes que lo nuestro es una mierda también?

– Me vas a hacer llorar

– No, no quiero que llores, sólo necesito saber si entiendes que nuestra relación es una mierda

– Sí, lo sé

– Y sí sabes que yo soy una mierda, ¿verdad?

– ¡Ah sí, eso es lo que más claro tengo en mi vida!

– Muy bien

En ese momento nos terminamos nuestros tragos, prendimos otro cigarro, nos besamos tiernamente con la lengua y nos fuimos a dormir abrazados.

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Por qué hay que ver BoJack Horseman

Después de haber terminado Breaking Bad estaba buscando una serie que pudiera estar al nivel del éxito protagonizado por Bryan Cranston. Por esa misma época me enteré del proyecto en el que participaba Aaron Paul, actor que interpretó a Jesse Pinkman en, precisamente, Breaking Bad. La serie iba sobre un caballo llamado BoJack Horseman, y … Leer Más Por qué hay que ver BoJack Horseman

10 canciones de Led Zeppelin que tienes que escuchar

Led Zeppelin fue una de esas bandas que marcó mi adolescencia. Yo tenía – si mal no recuerdo – quince años cuando llegué a mi casa con el disco Remasters que había comprado por curiosidad; eran ya muchas las opiniones de varios amigos de “la prepa”, los cuales insistían que debía escuchar a esa banda. … Leer Más 10 canciones de Led Zeppelin que tienes que escuchar

«Pictures of you»

Hace un par de días decidí que era hora de organizar todo mi archivo fotográfico, tarea que llevo años posponiendo por las razones que ahora les contaré. Para mí, ver mi vida en aquellos fragmentos de realidad que se llaman “fotografías”, más allá de contentarme, se convierten casi en una automática declaración sobre cómo parece que todo lo he hecho mal. Es decir, que al contemplar toda una serie de circunstancias y personas que ya no se encuentran más en mi vida, de inmediato me reprocho que, todo lo que he hecho, ha sido para que aquello ya no sea más. Ahora bien, entiendo perfectamente la trampa que se esconde detrás de ello, y es el hecho de suponer que “todo pasado fue mejor”. En general, sabemos que las cosas no funcionan así; sabemos que a pesar de que en esas fotografías nos podemos reflejar tan felices o serenos como creíamos ser, en el fondo, también en ese pasado estábamos rodeados por toda una serie de problemas, sin embargo, esto sucede no sólo con nuestra vida personal, sino en general cuando nos la pasamos diciendo que “en nuestros tiempos la música era mejor”, o “en nuestros tiempos las películas eran mejores”, o, como dicta aquella frase que hoy en día está tan de moda, solemos decir “éramos felices y no lo sabíamos”. A pesar de que entiendo esa trampa tan recurrente para la condición humana, he desistido de mi tarea una vez más.

Hace unas semanas vi Retratos de una obsesión protagonizada por Robin Williams, y el diálogo que más me llama la atención de toda la cinta es aquel en el que se comenta que poder ver una fotografía nuestra es signo de que alguien se contentaba con nuestra existencia; alguien se tomó el tiempo para querer capturar nuestro paso por este mundo. Para mí, como ya dije, las fotografías son más esos testimonios que, en el fondo, nos dicen “esto ha muerto”, tal y como lo plantea Roland Barthes en La cámara lúcida. Si alguien se contentó por mi existencia en este mundo, lo único que yo puedo ver en las miles de fotografías que siguen sin clasificar (y que así seguirán otro rato) es el deseo imposible por querer que “eso” vuelva, incluyendo a la persona que fui yo mismo en todas esas situaciones. También sé que, si en diez años, yo encontrara una foto de mí mismo en esta época de mi vida, obviaría circunstancias tan complicadas como la pandemia de COVID-19 o la muerte de mi perro y terminaría por decir algo así como “ojalá las cosas pudieran ser tan sencillas como lo eran en ese momento”.

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«Pero tú pagas la cuenta»

Salí de trabajar a las diez de la noche, aproximadamente. No soportaba las plantas de los pies, ni el cuello, ni mi espalda. Encaminarme hacia mi departamento sólo significaría otra noche más de insomnio, por lo que decidí salir a tomarme un trago. Llegué a un bar de “mala muerte” que se encontraba muy cercano a la Plaza de Garibaldi y el Eje Central. Entré y me pedí un ron con Coca-Cola y un mezcal; mis bebidas llegaron más rápido de lo que creí. A lo lejos, pude vislumbrar una figura femenina que se me hizo bastante conocida: se trataba de mi exesposa, con la cual había terminado hacía casi cinco años. Ella me reconoció también, me sonrió, tomó la cerveza que estaba bebiendo y se sentó en mi mesa. Nos saludamos como unos completos desconocidos, presentándonos y diciéndonos nuestros nombres como si fuese la primera vez que nos veíamos en nuestras miserables vidas. Ella me preguntó si le invitaba un trago, a lo que yo levanté la mano hacia uno de los meseros, y le dije que sirviera “lo que la dama deseara”. Pronto, llegó el “París de noche” que había pedido, y brindamos. Estuvimos platicando y bebiendo por horas: ella seguía pidiendo tragos, y con el paso de la noche, comenzó a coquetearme. Yo no podía encontrar en mis recuerdos las razones por las que habíamos terminado, y comencé incluso a fantasear que, en cualquier momento, me tomaría de la mano, y terminaríamos en algún hotel de paso haciendo el amor como en los viejos tiempos. Súbitamente, estiré mi cuerpo por encima de la mesa e intenté besarla; ella me empujó bastante molesta, puso una cara de desagrado – casi podría decir de “asco” – y pidió un trago más. Unos minutos después, recibió una llamada en su celular, se disculpó por tener que retirarse, se levantó y se fue. Desde mi asiento, pude ver cómo alguien la esperaba afuera, se dieron un beso y se fueron tomados de la mano. Ya solo en mi lugar, solté una enorme carcajada y recordé con claridad por qué todo se había ido a la mierda unos años atrás.

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Annie Hall de Woody Allen: corazones, cine y ambivalencias neuróticas.

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A propósito del Día Internacional de la Paz

Cada veintiuno de septiembre desde 1982 la Organización de las Naciones Unidas propusieron celebrar el Día Internacional de la Paz, en el que se pretende, mediante la sensibilización sobre la diversidad del mundo y de todos los temas relacionados con la paz, que tengamos un día de no violencia, pero: ¿qué es la paz? Según … Leer Más A propósito del Día Internacional de la Paz

“Fotografía, muerte y nostalgia”

Siempre han recurrido a mí, desde pequeño, ciertas imágenes que me han llenado de nostalgia y melancolía; probablemente a ustedes también les ocurra o por lo menos les haya pasado en una ocasión. Algún estanque desolado en medio de una lejana foresta; un atardecer en una ciudad desconocida; una calle llena de hojas muertas de … Leer Más “Fotografía, muerte y nostalgia”

«Chochos para la ansiedad»

Hace un par de semanas, una de las personas más cercanas a mí me dijo que me veía muy mal, y me preguntó si no sería bueno que tomara “chochos para la ansiedad”. Me reí y le contesté que no, no porque estigmatizara o menospreciara ningún tipo de tratamiento psiquiátrico (mi opinión sobre los psicofármacos no era, ni lo es ahora en estas líneas, el tema a discutir), sino porque, de verdad siento que actualmente en mi vida esa no sería la solución a ninguno de mis problemas; la conversación terminó ahí. Sin embargo, lo que me hizo pensar ese comentario es la manera en cómo es que las personas que me rodean – las cuales, ahora por la pandemia no son muchas, en realidad – es que me llegan a percibir. ¿Cuál sería en todo caso la razón (o las razones) para que alguien pueda recomendarme tomarme unos “chochos” para modular mis estados de ánimo? Lo pensé detenidamente, y más allá del comentario en cuestión, supuse que sí existen, por momentos, demasiadas cosas en las que tengo la cabeza puesta, para empezar: trabajo, familia, relaciones personales y amorosas, dinero, especialización y maestría y una tesis pendiente que sigo sin poder comenzar a escribir. Y como apunté más arriba, dije “para empezar”, porque después aparecen otros temas como mi gato, mis perros, sus alimentos y vacunas (más dinero), la situación del país, acomodar muebles, atender pacientes (más trabajo), escribir (más trabajo), saber que volví a fumar después de casi un año de no hacerlo, el coronavirus, la despensa quincenal (más dinero) y un sinfín de cosas más en las que se nos va la vida. Ante todo esto, podríamos tener dos opciones: entender que la mayoría de estas cosas se solucionan eventualmente e incluso llegar al ya conocido autorreproche en el que uno termina diciéndose a sí mismo que la mayoría de nuestros problemas son, en el fondo, tonterías. Acudir a este pensamiento que a veces es tan común en el que nos decimos que existen seres humanos con cuestiones a resolver mucho más difíciles que las nuestras. La otra opción es darles una importancia de cierta consideración a todos estos problemas y pendientes al punto en que lleguen días en los que, una simple conversación puede tornarse molesta, y que esas personas que nos rodean nos terminen recomendando acudir a algún tipo de pastilla para no estar “tan de mal humor”.

En estos días vino a mi mente el antiguo concepto helenístico de ataraxia, ese estado de imperturbabilidad en el que los hechos del mundo dejan de afectarnos. ¡Suena bien! Siempre me ha sonado bien la ataraxia, sin embargo, no sé si me sea posible alguna vez alcanzarla. Al corto plazo, lo dudo mucho. La idea que siempre me coquetea en la cabeza es que, tarde o temprano, los pendientes irán disminuyendo y esa “ansiedad” lo hará también, sin embargo, inmediatamente caigo en cuenta que esa es la ilusión neurótica por excelencia: pensar que algún día pasará algo así como que nos dejen de pasar cosas, lo que, por supuesto, se queda en el terreno de la ilusión.

Por el momento, son casi las dos de la mañana (otra vez) y si bien pienso que no necesito “chochos” para la ansiedad, sí me gustaría mucho servirme un trago. Maldita sea…

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