Los Reyes de la Colina es una serie demasiado infravalorada

Ya he escrito sobre otros trabajos de Mike Judge aquí en el blog, y ahora quiero hablar de otra serie animada que, junto con Beavis and Butt-head, es una de las mejores entregas del actor y productor norteamericano; me refiero a Los Reyes de la Colina, serie emitida por Fox desde al año de 1997 hasta el 2010. El programa de televisión recibió durante toda su vida varios reconocimientos, tanto del público como de la crítica, incluyendo menciones por parte de la revista Time y habiendo ganado dos Emmys. Entonces, ¿por qué menciono desde el título de esta entrada que considero que es una serie demasiado infravalorada? Bueno, pues porque, a diferencia de Los Simpson, South Park, o animaciones para adultos más recientes como Rick and Morty o BoJack Horseman, se habla poco de esta serie; de hecho, estoy casi seguro que para muchos de ustedes, esta será la primera ocasión de la que escuchan hablar sobre este show.

La serie se centra en los Reyes, una familia suburbana de clase media que reside en el estado de Texas, conformada por Héctor, Peggy, Beto y Lola, quienes están acompañados por toda una pléyade de personajes secundarios. Al igual que como lo mencionaba en el caso de Daria, la serie está tan bien escrita que llegamos a conocer aspectos de la vida de cada uno de los personajes. Todos ellos poseen un arco narrativo que vemos desarrollarse a través de las 13 temporadas, entendiendo sus miedos, fallos, aciertos, esperanzas e ilusiones.

Desde la icónica introducción, los Reyes de la Colina divierte y emociona.

El humor, al tratarse de un show de Mike Judge, es ácido e irreverente en muchos momentos, hablando en varias ocasiones de problemas como el racismo, la sexualidad humana, la infidelidad en las relaciones amorosas y la guerra; como toda buena comedia, Los Reyes de la Colina aborda estos temas sacándonos varias carcajadas y haciéndonos reflexionar al mismo tiempo, y aun así, por más descabelladas que puedan resultar las circunstancias, este programa siempre termina por darnos una lección profunda sobre las relaciones humanas. A diferencia de otras series de comedia como The Big Bang Theory, en la que parece que los escritores siempre le tuvieron miedo a incluir momentos sentimentales, Los Reyes de la Colina no deja de conmovernos en más de una ocasión y de manera recurrente, sin perder el toque cómico; creo que eso es lo que hace que una comedia alcance la grandeza (y es que hasta Rick and Morty tiene momentos especialmente enternecedores), porque, al igual que en BoJack Horseman, Malcolm In The Middle, o las primeras temporadas de Los Simpson, estamos ante personajes que, en última instancia, se enfrentan a la cotidianeidad desde el lado más humano. Claro, existen programas como Seinfeld que recurren poco al recurso sentimental, pero es que sabemos que, desde el comienzo, no es el objetivo de la sitcom mostrar ese lado humano, sino, como definiría Aristóteles a la comedia en su Poética, se restringe a mostrar el lado más absurdo o poco admirable de la condición humana, pero, en muchos otros lugares de la televisión del siglo XX y XXI, estos aspectos irán acompañados de situaciones que nos dejan pensando en el primer amor, las relaciones entre padres e hijos y la amistad. Héctor, por ejemplo, lidia en muchísimas ocasiones con tener que superar varios de sus prejuicios, propios de un adulto conservador de mediana edad, para poder amar y comprender a su esposa, a su hijo, a sus compañeros de trabajo y a sus amigos.

Podría continuar rescatando varios aspectos de este maravilloso programa, pero como siempre, considero que es mejor que ustedes le echen un ojo, y, probablemente, después de “anclarle el colmillo” a Los Reyes de la Colina, quizá terminen estando de acuerdo conmigo en que es un programa de televisión que deberíamos tener más presente hoy en día.

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Acapulco 1996

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Todos fuimos Daria

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Crecimos viendo esto: Vaca y Pollito

Para todos los que crecimos en los 90’s, existen una serie de imágenes, personajes y referencias que se volvieron icónicas, tanto así que muchas de ellas hoy en día se siguen utilizando a la manera de memes. La vaca y el pollito, serie animada creada por David Feiss, es (y díganme si no, estimado lector noventero) uno de esos íconos de los que hablamos.

La sinopsis no es sencilla ni clara: unos padres – de los que sólo vemos en toda la serie que son un par de piernas –, adoptan a una vaca y a un pollito parlantes, y, a partir de ahí, comienzan toda una serie de aventuras inverosímiles. Junto a otros personajes como El Hombre Rojo sin Pantalones, para mí, el mejor personaje de la serie, que no era otra cosa que una representación caricaturizada del diablo, Earl y Flem, estos animales pasarán por toda una serie de cosas extrañas. Llena de un humor escatológico y con varias referencias sexuales (varias de ellas bastante explícitas), La vaca y el pollito era una serie que los niños de entre 6 y 11 años disfrutamos durante nuestra infancia. No quiero caer en el lugar tan común de hoy en día que dice “esa serie no podría hacerse hoy”, pero lo que sí me queda claro es que animaciones como La vaca y el pollito distan mucho, por muchas razones, de las programas infantiles que existen ahora, ni mejores, ni peores, pero sí radicalmente distintos. Con esto no quiero decir que el show haya estado exento de controversia y polémica en su momento: capítulos como el de “Las chicas búfalo” fue retirado del aire por representar estereotipos referentes a las lesbianas, y, como se podrá imaginar el lector, el episodio contenía una buena cantidad de insinuaciones sexuales y muchos chistes de doble sentido. De hecho, en mi secundaria, se hizo una junta especial entre maestros, ya que algunos consideraban que La vaca y el pollito era en realidad “pornografía homosexual” (se los juro que eso pasó).

Hace poco redescubrí la serie, ya que ha sido agregada al catálogo de HBO Max, ¡y es todavía más divertida de lo que recordaba! Por supuesto que cuesta creer la cantidad de chistes que de niños pasábamos por alto, y es que es obvio, porque por allá en los 90’s era muy común hacer series “infantiles” que en realidad tenían un humor bastante subido de tono. Quizá, por esto último, la serie se disfruta muchísimo más ahora que somos mayores.

Existen tres episodios que, tanto de niño, como ahora de adulto, me hicieron reír hasta las lágrimas y que les recomiendo ampliamente: La salchicha más fea del mundo, cuando Pollito intenta entrar al baño de las niñas en su escuela, y el del Gato Volador. ¡De verdad que son joyas esos capítulos! (Mientras escribo esto estoy cantando en mi cabeza: «somos un paquete de salchichas, somos las mejores botanas»).

Y ustedes, ¿vieron La vaca y el pollito en su momento, o creen que es buen momento para iniciarla?

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Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar…

Hace un par de semanas estaba lavando trastes, cuando de pronto llegó hasta mis oídos la canción de «Chan Chan» de Compay Segundo. Maru había puesto el disco de 1997 del Buena Vista Social Club, y, más allá de querer reseñar el disco en esta entrada, escribiré sobre lo que pasó conmigo en esos momentos, … Leer Más Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar…

¿El Imperio Romano y Japón? Thermae Romae Novae

¿Alguna vez se imaginaron poder estar en Roma y en cuestión de segundos llegar a Japón? Bueno, pues con Thermae Romae Novae en Netflix eso ya es posible. Esta serie animada, inspirada por el cómic de Mari Yamazaki, nos introduce en el mundo de Lucius Modestus, personaje que forma parte de un importante linaje en … Leer Más ¿El Imperio Romano y Japón? Thermae Romae Novae

Todos fuimos Daria

Por allá de los 90’s, dos inadaptados creados por Mike Judge rompieron la televisión norteamericana y de un montón de otras latitudes; nos referimos, por supuesto, a Beavis and Butt-head. Estos dos adolescentes irreverentes y sinvergüenzas tenían una compañera de clase, profunda, sensible, culta e inteligente, pero al igual que Beavis y Butt-head, con problemas serios para socializar, lo que hacía que, incluso este par de descentrados la molestaran con un juego de palabras derivado de su nombre y la llamaran “diarrea”. Como ya se habrán dado cuenta, me refiero a Daria Morgendorffer, quien después de haber sido un personaje secundario en la serie de Judge, se decidió que tendría la propia. Al principio, no muchos estuvieron seguros de la decisión, pero eventualmente el tiempo les daría la razón a los que apostaron por esta serie, ya que se convertiría en todo un ícono de los 90’s, y Daria, uno de los personajes de animación más importantes del siglo anterior.

En la nueva serie, Daria y su familia compuesta por su padre Jake, un inestable adulto con varios traumas ocasionados por su propio progenitor, pero cariñoso y preocupado por sus hijas; Helen, una madre que dedica casi todo su tiempo al trabajo, pero que, al igual que Jake, siempre está lista para cuidar y aconsejar a sus niñas; y finalmente Quinn, una adolescente completamente superficial e interesada sólo por la ropa y el maquillaje (cosa que irá cambiando conforme la serie avanza). Ellos, juntos con Jane Lane, la mejor amiga de Daria, serán los principales componentes de la serie. Existen toda una gama de personajes, y la serie está tan bien escrita que iremos conociendo varias aristas y facetas de cada uno de ellos, tanto de los principales, como de los secundarios.

Creo que el gran éxito que tuvo la serie fue multifactorial: por un lado, la música que acompañaba al show es, hoy por hoy, un museo del rock de los 90’s. En cada episodio podemos encontrar compopsiciones de Radiohead, los Foo Fighters, Stone Temple Pilots, R.E.M., Incubus entre muchas otras bandas; pero la música no brillaba por sí sola, sino que acompañaba adecuadamente las historias, creando una mezcla perfecta en lo audiovisual.

Por otro lado, y como es casi obvio, el gran factor de éxito fue Daria, un personaje sincero y problemático a la vez. Daria es demasiado lista y honesta para el mundo en el que vive, pero eso no impide que sea una adolescente sensible y con unas enormes ganas de ser entendida. Esto último puede verse en las fantasías, esperanzas, compromisos y anhelos que Daria desarrollará con sus dos grandes intereses románticos. Era muy difícil ver la serie y no sentirse identificado con ella; cualquiera que alguna vez haya sentido que no encaja, o que por más que lo intenta no es capaz de comprender su entorno, seguramente se identificó con Daria; podemos decir que, en última instancia, todos somos Daria, y esa fue la clave del éxito para esta serie animada, a saber, la escritura de un gran, gran personaje.

¿Y ustedes, han visto esta serie? ¿Conocían a Daria desde Beavis and Butt-head?

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¿El Imperio Romano y Japón? Thermae Romae Novae

¿Alguna vez se imaginaron poder estar en Roma y en cuestión de segundos llegar a Japón? Bueno, pues con Thermae Romae Novae en Netflix eso ya es posible. Esta serie animada, inspirada por el cómic de Mari Yamazaki, nos introduce en el mundo de Lucius Modestus, personaje que forma parte de un importante linaje en el que su abuelo y su padre se han dedicado a la construcción de termas en el marco del antiguo Imperio Romano. Ahora, el lector podrá preguntarse si de aquí es de donde viene el argumento de la serie, y pues sí; profundizaré en esto. En el libro 36 de su Historia Natural (escrita en el siglo I, en Roma, y dedicada al emperador Vespasiano), Plinio el Viejo compara las “maravillas de Egipto” con las de Grecia y las de Roma. En éstas últimas, Plinio insistirá que el gran avance técnico que Roma le ha brindado al mundo es eso que hoy llamaríamos “ingeniería civil”, es decir, la construcción de puentes, arcos, carreteras y, sobre todo, cloacas y acueductos. Pongámonos en los zapatos de nuestro autor: resultaba impresionante observar un sistema que posibilitará llevar agua desde fuera hasta el centro de la ciudad, y llevarse todos los desechos desde la ciudad hasta las afueras. Para nosotros, hoy en día, puede parecernos muy normal abrir un grifo sabiendo que saldrá agua, pero para el siglo I, en el contexto en el que ubicamos a Plinio, esto resultaba ser toda una innovación.

Volvamos a la serie. Una vez que hemos hablado de la importancia de los baños públicos para los romanos, podemos entender que los arquitectos tenían un papel preponderante en esa civilización; el poder del Imperio muchas veces se demostraba con grandes edificaciones, por lo que, no era extraño que los emperadores tuvieran a sus propios arquitectos para llevar a cabo obras monumentales que dieran cuenta de su grandeza. Lucius es un arquitecto promedio, pero su pasión por las termas romanas, y el deseo de honrar a su padre y a su abuelo, lo llevan a una serie de viajes al Japón. ¿¡Qué, Japón!? Así como lo escucharon. Claro, aquí entra la parte de ficción de la serie, ya que Lucius se la pasa viajando por el tiempo al Japón del periodo Edo y al Japón de nuestra actualidad. Es en ese lugar donde hallará las ideas más magníficas para su propio oficio, sin saber nunca, a ciencia cierta, dónde diablos se encuentra. Y aquí es donde encontramos lo hilarante de la serie: Lucius, un orgullosísimo romano, se ve superado por todas las invenciones de aquella “gente de cara plana”, como él mismo los llama, pensando que aquella cultura es superior al Imperio Romano en casi todos los aspectos. La verdad es que no hubo ni un solo capítulo donde no soltara varias carcajadas.

Al final de cada episodio, podemos acompañar a la autora del cómic, Mari Yamazaki, a visitar varios de los lugares más emblemáticos de la prefectura de Gunma, Japón, famosa por su cultura termal, por lo que Thermae Romae Novae no sólo termina por ser una seria bastante entretenida y divertida, sino que también nos enriquece con aquellas cápsulas culturales; además de todo esto, aprendemos varios aspectos importantes sobre la historia del Imperio Romano y sobre Japón. ¿Qué mas podemos pedir? ¡Ire videre Thermae Romae Novae!

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«The Irishman» o por qué la vida no tiene sentido

Antes de cualquier cosa, quisiera decir que esta no es una reseña sobre la película del 2019 dirigida por Martin Scorsese, y es por eso mismo que no aparece en la sección de Vulpes Videns, es más una reflexión sobre el significado que, para mí, tiene dicha cinta. En ese sentido, es necesario mandar una … Leer Más «The Irishman» o por qué la vida no tiene sentido

Close Enough y los tiempos que corren

Nunca he estado de acuerdo con clasificar a la gente de acuerdo al periodo en el que nacieron: boomer, millenial, “generación x”, etc. Me parece que dichos motes explican poco y dividen bastante. Al estudiar historia, me he dado cuenta que muchos pensamientos son cíclicos. Por ejemplo: los Textos de Historia del Arte de Plinio el Viejo comienzan diciendo que el arte de su época ya no es como el arte que le antecedió, es decir, que un romano del siglo I dice exactamente lo que dijeron nuestros padres de la generación anterior, lo que muchos de nosotros decimos, y lo que, seguramente, dirán las generaciones venideras en su momento. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan particularidades a la hora de analizar la vida de cada uno de los sujetos históricos.

Close Enough, serie creada por J.G. Quintel, la mente detrás de Un show más (A Regular Show), es una divertidísima comedia animada que muestra cómo es que los que nacimos alrededor 1989 nos enfrentamos a los retos de la actualidad.

La serie nos presente, entre muchos otros personajes, a Emily y a Josh, quienes ante una difícil situación económica, comparten hogar con Alex y Bridgett (quienes, por cierto, estuvieron casados hace ya unos años). La joven pareja tiene una hija, Candice, a quien aman profundamente pero que, con la brecha generacional existente, comprenden poco, sin embargo, se esfuerzan más allá de todos los límites por darle una educación adecuada y la atención que merece su pequeña hija.

Con un humor muy ácido e irreverente, Close Enough nos muestra todas las peripecias de lo que significa crecer y enfrentar la paternidad en tiempos de los “Funko Pop”. Llevando el humor al que nos tenía acostumbrado en A Regular Show, J.G. Quintel nos ofrece una comedia donde encontraremos desde situaciones inverosímiles como la aparición de un caballo “mágico” o el encuentro con un “humano perro”, hasta parodias de Goodfellas de Scorsese.

¿Y ustedes, ya le echaron un ojo a Close Enough?

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«Levantarse temprano»

No podía creer lo lentos e iguales que pasaban todos los días. Se trataba de una rutina interminable en la que nada nuevo acontecía. ¿Cuánto tiempo más me faltaba por vivir así? ¿cinco, diez, veinte años? Mi vida era una tortura inacabable que no sabía por cuánto más podría sostener. Una noche, decidí ir a … Leer Más «Levantarse temprano»

«No dejes de sonreír»

Iba caminando por la Calzada de Tlalpan, cuando vi una barda pintada con una especie de mural: se trataba de dos niñas pequeñas y un zorro, las tres figuras en un bosque, y en medio se encontraba la leyenda “no dejes de sonreír”. Algo se movió dentro de mí, y decidí que cambiaría los planes … Leer Más «No dejes de sonreír»

«F is for Family»: ¿un retrato «normal» de la familia norteamericana?

Los que hayan estado siguiendo este, su humilde blog, recordarán que hace unas cuantas semanas escribí sobre BoJack Horseman, serie animada original de Netflix que ha sabido combinar con maestría la comedia, la tragedia, la sátira política y otros elementos de crítica social. Ahora vengo a platicarles sobre otra serie que, al igual que BoJack, maneja todos estos tópicos y pertenece a la misma plataforma de transmisión por streaming. F Is For Family relata la vida de Frank Murphy, veterano de la Guerra de Corea que, después de un embarazo no planeado, se ve obligado a integrarse a la vida típica de padre de familia norteamericano de los suburbios. Desde la divertida introducción acompañada del tema Come And Get Your Love a cargo de Redbone, nos sumergimos en la tragicomedia de la biografía de Frank, con la que más de uno podríamos identificarnos, ya que se trata de la entrada muchas veces forzada a la vida adulta.

La serie está ubicada en los años 70’s, la difícil época en la que el American Way Of Life comenzaba a mostrar algunas de sus más serias grietas e imperfecciones, las cuales explotarían de manera definitiva durante el gobierno de Ronald Reagan, unos cuantos años después, momento en el que las nuevas políticas económicas implementadas por ese gobierno terminarían de una vez por todas con la comodidad que la clase media norteamericana había tenido desde la posguerra.

Bajo la producción de Vince Vaughn, y con actores de alto renombre como Justin Long en el papel de Kevin, el hijo mayor de la familia Murphy, F Is For Family es una serie que, más allá de las risas que puede provocar (que sí las provoca con mucha frecuencia) pone sobre la mesa una serie de discusiones, tales como el abuso de ciertas sustancias o la sexualidad infantil.

Frank Murphy es un personaje difícil con el que, a pesar de su difícil carácter y su iracunda personalidad, uno no puede dejar de empatizar con él. La serie muestra a Frank como alguien a quien las circunstancias lo han empujado hasta el límite de sus capacidades, y quien, como es típico de la clase media, los grandes placeres de su vida han quedado reducidos a ser el anfitrión de una noche de box o a comprar una televisión a color.

Por su parte, los hijos Murphy, Kevin, Maureen y Bill, son parte de un círculo familiar viciado y deben de soportar el maltrato de su padre, el cual, sin lugar a dudas los ama, pero no puede evitar ser un verdadero desgraciado con ellos en ciertos momentos, lo que se demuestra en la recurrencia de frases como These fucking kids y These animals, refiriéndose a ellos. La palabra clave es “familia”, y el show nos muestra cómo es que Frank intenta ser un padre ejemplar, sin embargo, no tiene las herramientas necesarias para poder hacerlo, ya que su propio padre no lo fue para él, por lo que se repiten ciertos patrones con Kevin, y en consecuencia presenciamos una relación conflictiva con pocas salidas a la vista. Aun así, la serie no deja de enternecer al mostrar un retrato real de una familia, cosa que se demuestra en que, al final del día y a pesar de todos los contratiempos, los Murphy no dejan de apoyarse y amarse de manera incondicional los unos a los otros.

F Is For Family no deja de llamar la atención del espectador debido al crudo reflejo de, como había dicho antes, una sociedad norteamericana en plena decadencia, mostrando como una ilusión el sueño americano que, tanto como norteamericanos y extranjeros han buscado con el pasar de las décadas, y que una serie como esta nos muestra que ese sueño no existe más que para unos cuantos.

Con su cuarta temporada ya disponible en Netflix, F Is For Family es, al igual que BoJack Horseman, un ejercicio serio de reflexión sobre algunos aspectos de una sociedad llena de patologías disfrazado de una excelente comedia animada.

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«¿Lo sabes?»

– Sí sabes que tu trabajo es una mierda, ¿verdad? – No tienes ningún derecho a juzgarme – No te estoy juzgando, sólo te pregunto si sabes que tu trabajo es una mierda – Sí, lo sé. – ¿Y sabes que lo nuestro es una mierda también? – Me vas a hacer llorar – No, … Leer Más «¿Lo sabes?»

«Pictures of you»

Hace un par de días decidí que era hora de organizar todo mi archivo fotográfico, tarea que llevo años posponiendo por las razones que ahora les contaré. Para mí, ver mi vida en aquellos fragmentos de realidad que se llaman “fotografías”, más allá de contentarme, se convierten casi en una automática declaración sobre cómo parece … Leer Más «Pictures of you»

Por qué hay que ver BoJack Horseman

Después de haber terminado Breaking Bad estaba buscando una serie que pudiera estar al nivel del éxito protagonizado por Bryan Cranston. Por esa misma época me enteré del proyecto en el que participaba Aaron Paul, actor que interpretó a Jesse Pinkman en, precisamente, Breaking Bad. La serie iba sobre un caballo llamado BoJack Horseman, y según pude enterarme, se trataba de dibujos animados dentro del género de la comedia. Después de haber visto el primer capítulo quedé un tanto desanimado, ya que me pareció que no se trataba de nada extraordinario, y dejé de verla de manera inmediata. Pasó aproximadamente 1 año, y en una noche de aburrimiento, mi hermano y yo decidimos que podíamos ver BoJack Horseman; le di otra oportunidad a la serie, y en menos de una semana ya habíamos terminado la primera temporada completa, sabiendo que nos encontrábamos ante una verdadera joya del catálogo de Netflix.

Lo primero que hizo BoJack Horseman fue “matarme de la risa”. Se trata de un humor bastante peculiar y que es difícil de digerir, aun así, en cada capítulo no podía dejar de soltar una carcajada tras otra, sin embargo, conforme fue avanzando la serie, algunos otros aspectos me dejaron ver que no estaba ante una comedia común y corriente. Cada uno de los personajes se fueron volviendo profundos y complicados, y los tópicos a tratar fueron tornándose más oscuros y reflexivos. Para el final de esa primera temporada, entendí que BoJack Horseman era una serie que tenía que ver con todo, menos con una comedia de simple entretenimiento.

BoJack Horseman es una serie que atrapa desde su estética, en la que nos adentramos en un mundo extraño donde animales antropomóficos y los seres humanos conviven en la cotidianidad. Pero, a todo esto, ¿de qué va BoJack Horseman? El protagonista es un caballo de 50 años que, en los 90’s tuvo un gran éxito en una sitcom – o “comedia de situación” por su traducción al español, como Papá soltero o Married…With Children, por mencionar sólo dos ejemplos–. Pasados ya muchos años de ese éxito frívolo en la pantalla chica, BoJack es un personaje que no tiene nada por qué vivir, y que únicamente soporta el día a día aferrándose a su propio pasado; es la sombra de un recuerdo la que se traduce en la única garantía de su propio quehacer en la vida. Las cosas se complican cuando, a petición de una editorial en quiebra, BoJack debe entregar un libro autobiográfico, y a partir de ahí se desarrolla la serie.

Bojack Horseman, para decirlo de una vez por todas, es una fuerte declaración sobre los tiempos en que vivimos. Temas como el matrimonio, el divorcio, la enfermedad, la muerte, el maltrato infantil, la depresión, el suicidio, el aborto, la familia, el abuso de sustancias, las relaciones de pareja, el mundo hipócrita y vacío de las celebridades, el egoísmo inherente a cada individuo en un mundo donde “triunfar” parece ser lo más importante y el sentido de la vida en general, entre muchos otros asuntos, son manejados de una forma sutil y profunda en esta serie.

BoJack, en particular, es un personaje tan complicado y humano (a pesar de ser un caballo) que nos obliga a voltear a ver ese lado oscuro de la existencia. Él es un megalómano excéntrico y disfuncional, con un serio desequilibrio emocional que es incapaz de mostrar empatía para con cualquiera de las personas (y animales, en este caso) que lo rodean. A sus 50 años de vida, BoJack no le encuentra sentido a nada de lo que le acontece. El actor Will Arnett, encargado de darle vida a BoJack incluso tuvo que asistir a terapia psicológica al encontrarse tan metido en el difícil papel. No sólo él, sino que todos los personajes de la serie tienen vidas difíciles que apenas pueden sostener. Como decía Kierkegaard, todos sufren ya sea por “falta de vida”, o por “exceso de vida”; aun los personajes que parecen, en principio, más frívolos y despreocupados, no dejan de tener que lidiar con todos los asuntos que les acontecen.

Podría seguir escribiendo cuartillas y cuartillas sobre BoJack Horseman, pero con el ánimo de resumir, aquí enlisto algunos momentos memorables sobre la serie:

1.- El capítulo #11 de la primera temporada llamado “Downer ending” nos transporta a un mundo similar al de Miedo y asco en Las Vegas. Al entrar en un viaje lleno de drogas, BoJack debe enfrentar a varios de los demonios que lleva por dentro. Visual y emocionalmente, este episodio resulta ser un shock para el espectador.

2.- El episodio #4 de la tercera temporada, a mi parecer, se encuentra a la altura de cualquier cortometraje animado que haya sido nominado para un Óscar. En él, podemos ver una de las partes más tiernas y humanas de BoJack, al encontrarse con la figura de una pequeña niña, la que le recuerda la vida amorosa y paternal que nunca tuvo y que dejó ir por un montón de otras cosas. El trabajo de edición y la producción sonora es simplemente impecable en este capítulo.

3.- Existe un momento de la serie donde BoJack toca fondo, y el diálogo donde le pide a Diane, amiga y escritora, que le diga que debajo de todo lo autodestructivo y nocivo que él resulta ser existe bondad en su persona, es sencillamente desgarrador.

4.- He cuidado mucho no incluir ningún spoiler, por lo que sólo diré que, la frase mencionada por el personaje de Sarah-Lynn, “I wanna be an architect” en el capítulo #11 de la tercera temporada, es una de las más tristes que he presenciado en una serie de televisión.

La serie actualmente ha llegado a su fin, por lo que, si no la has visto y deseas empezar un largo maratón de una de las series más polémicas, aclamadas y galardonadas de nuestros últimos tiempos, puedes hacerlo sin ningún problema.

¿Y ustedes que ya vieron BoJack Horseman, qué opinan? ¿Y ustedes que no la han visto, qué diablos esperan para hacerlo?

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