Te imaginé…

Imaginé que, en una tarde de verano, mientras veía la televisión y fumaba un cigarro, alguien tocaba a mi puerta, mientras oía la lluvia caer.  

Imaginé cómo se formaba un rostro de incertidumbre y angustia en mi ser, e imaginé levantarme con zozobra y caminar para abrir.

Imaginé ver tu rostro del otro lado del corredor, dibujándome esa sonrisa juvenil que significó todo para mí.

Imaginé que, en tu mano izquierda, cargabas una maleta llena con tus cosas, llena de ropas y cremas. Imaginé que los dos sabíamos, sin palabras, lo que estaba por acontecer.

Imaginé que entrabas, me besabas, y volvía a escuchar mi nombre atravesado por tu ser.

Imaginé que esa noche te pondrías tu pijama, la misma estrellada de siempre; imaginé nuestras manos en concierto, quitándola, para observar toda tu piel. Imaginé tu calor, y nuestros cuerpos desnudos amándose violentamente.

Imaginé estar fundidos en un abrazo, mientras nuestros sudores nos empapaban mutuamente.

Imaginé besarte y verte dormir, contemplarte, mientras la madrugada no dejaba de correr.

Sí, sólo te imaginé.  

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No eras la gran cosa

No eras la gran cosa y ahora lo puedo ver. No eras tan bonita como te visualicé. No eras tan inteligente como te pensé. No eras tan graciosa como te escuché. No eras tan buena como lo creí. Sí, no eras la gran cosa, pero la verdad es que tampoco lo soy yo, y eso…

Felicidad

Me preguntaron hace poco qué era la felicidad, y en ese momento no supe responder. La interrogante se alojó en mi cabeza y en mi corazón, y algunos días después llegó a mí la siguiente imagen. La felicidad es sentir el calor del cuerpo desnudo de una mujer alojado junto a mí después de hacer…

Hablando en voz baja

Esto me ocurrió hace ya varios años, cuando era profesor de bachillerato. Una mañana, llegó una alumna a mi escritorio. En su rostro se podía observar una mezcla de desconcierto, incertidumbre y miedo, como si algo muy grave hubiese ocurrido. Esperó con cuidado a que todos los demás compañeros salieran al receso para que ella…

Me amarás…

Me amarás…

Me amarás desde siempre y para siempre, desde la noche en que nuestros labios se juntaron en un beso que sabía a clandestinidad.

Me amarás con cada mensaje y con cada fotografía, con cada sonrisa y con cada lágrima extraviada en lo fugaz.

Me amarás en ese motel de mala muerte, en el que mientras dos perros callejeros no dejaban de ladrar, te atreviste a decir, por primera vez, “te amo”, mientras tus ojos se sonrojaban y comenzaste a sollozar.

Me amarás bailando con los hijos que imploraron existir, y leyendo las páginas de un libro que nunca se escribió.

Me amarás con cada célula de tu nívea humanidad, y con cada promesa de amor eterno que nos juraste frente a la luna.

Y me odiarás…

Me odiarás negando mi existencia, negando cada cigarrillo, cada canción y cada cerveza.

Me odiarás aniquilando todo vestigio de la vida que construimos y que no volverá.

Me odiarás fustigándome con tu silencio e indiferencia, con esa tan tuya terrible frialdad.

Me odiarás regalándole tus sonrisas y coqueteo al primer hijo de puta que se cruzó en tu andar.

Sí, me amarás y me odiarás.

Me amarás y me odiarás.

Me odiarás.

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Dunkelheit

Aparece, como una epifanía, un nuevo imperativo en mi vida: ¡abraza el sufrimiento y abraza la oscuridad! Se trata de entrar al bosque y volverse uno con la bruma, copular con la noche y desintegrarse en la tierra.   Se trata de entrar al bosque y hacer el amor con las ninfas de la melancolía,…

5 películas incomprensibles que debes ver

Como buen amante del cine que me considero ser, me he topado más de una vez con ciertas películas que resultaron ser un bocado un poquito más difícil de digerir que otros, y sé que, para ti que eres amante del denominado “séptimo arte” también te pasó alguna vez. Por eso, hoy te quiero compartir…

The Midnight Gospel: una cura contra el dolor

Han pasado ya algunos años desde que, por motivos de la expansión del COVID-19 a nivel mundial y de forma acelerada, tuvimos que resguardarnos en nuestros hogares. Fue en ese entonces, y debido a dicha situación, que muchos de nosotros encontramos una buena manera de pasar el tiempo descubriendo series y películas en diversos medios digitales. Quizá, para mí, el descubrimiento más importante fue The Midnight Gospel, animación creada para Netflix por Pendleton Ward (creador de Hora de Aventura) y Duncan Trussell. The Midnifht Gospel es el resultado de haber combinado los podcast creados y dirigidos por Trussell y la animación llevada a cabo por Ward; el resultado es una serie de capítulos que echan mano de una imaginación alocada, desenfrenada y psicodélica, y las conversaciones profundas y reflexivas del podcast de Trussell. Dicho sea de paso, cada episodio cuenta con la participación de invitados expertos en la materia en torno a la cual giran las conversaciones. Nombres como el de Drew Pinsky, médico especializado en el tratamiento de las adicciones, o la escritora norteamericana Anne Lamott, forman parte de los episodios, tanto del podcast en la “vida real” como en la serie animada.  

A lo largo de la serie nos sumergimos en el universo del alter-ego de Trussell llamado Clancy, quien, al igual que Duncan, tiene un “spacecast”. A lo largo de los ocho episodios que conforman la primera – y hasta el momento, la única temporada – nos veremos involucrados junto con Clancy en conversaciones que hablarán de temas políticos, sociales y religiosos.

Para mí, The Midnight Gospel fue una serie que me ayudó a trabajar varios procesos en ese momento de la vida, ya que, en su mayoría, los invitados nos hablarán de temas como el duelo, la muerte, la libertad, la iluminación y el dolor. Esta serie me hizo recapacitar sobre un montón de temas, así como explorar otros tantos, y, más allá de lo teórico, encontré consuelo y reflexión. A través de las enseñanzas del budismo, el cristianismo y la cábala judía, The Midnight Gospel nos ofrece un recorrido para repensar nuestro lugar en el mundo y la relación con nuestros semejantes, todo para llegar al último capítulo, en el cual participó la madre del propio Trussell y que resulta ser una experiencia desgarradora.

En esos momentos de encierro e incertidumbre, esta fue, para su humilde narrador, una fuente de esperanza frente a la desesperación.

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9 Discos de Punk en Español que Debes Escuchar

El punk ha sido uno de mis géneros musicales favoritos de toda la vida. Comencé escuchando a The Ramones y a los Sex Pistols cuando tenía catorce años, y desde entonces mi repertorio ha aumentado, desde bandas consagradas y mundialmente conocidas como The Misfits, Dead Kennedys o Bad Religion, hasta proyectos más underground e independientes…

A Serbian Film: la película más pinche fuerte que he visto (hasta ahora)

A lo largo de los años en los que me he considerado “cinéfilo” (empecé a ver películas sin para a los quince años) he visto varios filmes que se han considerado, tanto por la crítica como por la audiencia, como algunos de los más extremos y violentos: Irreversible de Gaspar Noé; Martyrs de Pascal Laugier; Holocausto Canibal de Ruggero Deodato; Hostal I y II de Eli Roth y Atroz de Lex Ortega, entre muchas otras. No es que sea un fan particular del gore, y sí, ya sé que de inmediato van a salir los que leyendo esta lista pensarán: “ay, yo he visto películas más fuertes” o “esas películas son muy comerciales” y otros comentarios sobre esa línea; lo que pasa es que yo nunca dije que fuera un experto en el subgénero del gore o del denominado cine extremo, lo único que estoy diciendo es que me gusta mucho el cine, y que después de tantos años viendo películas me he encontrado con algunas que han pasado a ser catalogadas como “extremas” por x o y razón. Tampoco soy alguien que se dedique a reseñar y recomendar la inmensa cantidad de filmes incluidos en estos géneros y subgéneros, para eso les recomiendo el canal de YouTube, RottenMind, del cual yo mismo soy un visitante periódico.

Aclarado lo anterior, y cubriéndome las espaldas de todos los esnobs que puedan llegar a leer esto, hace unos días me animé, después de muchísimos años de dudas, a ver A Serbian Film, una cinta que inunda todos los videos de YouTube que tienen por objetivo enlistar las cintas mas perturbadoras y siniestras de la historia del cine. Había leído ya varias reseñas y sabía más o menos de qué iba la cinta, y justo por eso es que había evitado buscarla, para no darme un festín nauseabundo de escenas que se quedan grabadas en tu cabeza para siempre; pero esa noche, recuerdo haberme encontrado particularmente triste, y si algo me ayuda a poder pasar esos momentos de angustia y desolación, es una buena película de terror (puede ser nueva, o puede ser poner por vigesimotercera vez El bebé de Rosemary de Roman Polanski). Pues decidí, finalmente, visualizar la cinta dirigida por Srđan Spasojević rodada en el año 2010.

A Serbian Film nos habla sobre Milos, catalogado como “uno de los mejores actores porno de toda la historia”, quien ha dejado atrás a la turbulenta industria del cine para adultos, ya que intenta enforcarse en su recién obtenido papel como padre de un niño. Sin embargo, la economía familiar no va nada bien, y Milos comienza a cuestionarse si no sería lo mejor volver al mundo de la pornografía. Por esos días, un misterioso productor le ofrece a Milos un papel en lo que él sostiene que será “la mejor cinta pornográfica de la historia”, una “verdadera obra de arte”; la suma de dinero que le ofrece a Milos por su participación es exorbitante, al punto en que la propia esposa de nuestro protagonista lo insta a aceptarla, sabiendo que esa cantidad de dinero les solucionaría la vida por completo, sin embargo, existe una condición: Milos no será informado de absolutamente ningún detalle sobre la cinta a filmar, ni el argumento, ni el inicio del rodaje, ni nada. Después de pensarlo mucho, Milos acepta el papel, sin saber que se estaba metiendo en la experiencia más aterradora y peligrosa de toda su existencia.

A Serbian Film es una de esas películas que deseas pausar, pero que no puedes hacerlo. Las actuaciones, el guion, la fotografía, el argumento, todos los elementos que una buena cinta debe tener aparecen aquí y pueden ser disfrutados, claro, con la condición de tener el estómago suficiente para poder observar los actos más ruines y miserables de los que el ser humano es capaz. La película ha sido prohibida y censurada en todo el mundo, desde su lanzamiento hasta la fecha, pero a la vez, no ha dejado de obtener premios, desde su proyección en el prestigioso Festival de Cannes hasta el Festival de Cine de Montreal donde se galardonó como “mejor película”.

Sinceramente, disfruté la cinta a nivel cinematográfico, pero supongo que es una de esas películas que se ven una vez en la vida y nunca jamás se regresa a ella, y, por supuesto, no es una película que le recomendaría ver a nadie, empezando contigo, querido lector (¿o no?)

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Conociendo a Javier Corcobado

En la licenciatura en Filosofía, uno de los mejores amigos que tuve fue Rodolfo. Él era un gran fanático de un cantautor y escritor español llamado Javier Corcobado; alguna vez en mi adolescencia había escuchado ese nombre, pero nada más allá de eso. Fue Rodolfo quien me introdujo a la enigmática música de este nuevo…

Crecimos viendo esto: Invasor Zim

“Una obra de arte de la animación que llegó en un mal momento a un mal lugar”, así describiría yo a Invasor Zim, serie creada por el controversial animador de cómics norteamericano Jhonen Vasquez que narraba las desventuras de un alienígena llamado Zim, cuyo objetivo era conquistar el planeta Tierra, pero quien era lo suficientemente…

Miasma

El 23 de octubre del año en curso, Catalina entró a su baño y percibió un terrible olor, tan nauseabundo y asqueroso que en esos momentos comenzó a vomitar. La bilis que salía de sus intestinos volvió todavía peor la repugnante escena, sin embargo, pensó que se trataría de una anomalía ocasional. Hoy por la…

Verónica: una muestra interesante de cine de terror español

Semana Santa para mí siempre ha significado un tiempo de descanso y reflexión, pero también, y no recuerdo muy bien cuándo ni cómo, es una semana en la que me dedico a ver mucho cine de terror. Dicho esto, hoy quiero venir a recomendarles una cinta para que, si gustan pasar una noche inquieta, sintonicen en estos días.

Hace ya algunos años, varios de nosotros fuimos sorprendidos por la calidad y los buenos sustos que nos dio la cinta española REC, al punto en que ésta se considera, hoy por hoy, un film de culto. Para muchos, la cinta dirigida por Paco Plaza y Jaume Balagueró apareció como la prueba de que el cine de terror en español podía equipararse en calidad al de la industria anglófona; con esto no quiero decir que no se hayan hechos cosas de calidad en el género antes de REC – sólo haría falta mencionar el cine de Alex de la Iglesia como muestra – pero es que REC fue un éxito a nivel internacional alabado tanto por el público como por la crítica. A partir de ahí, muchas cintas españolas de terror fueron reivindicadas y otras tantas comenzaron a producirse, convirtiendo al cine español en un referente del género.

Verónica, estrenada en el año 2017 y dirigida de nueva cuenta por Paco Plaza, es una película inspirada en el terrorífico Caso Vallecas, supuestamente, el único expediente policiaco en el que se testimonió la participación de fuerzas sobrenaturales.

Verónica, nuestra protagonista, juega a la tabla Oujia en el marco de un eclipse solar, intentando contactar a través del artefacto a su padre, quien hacía poco había fallecido. Durante el ritual las cosas se salen de control, y a partir de allí comenzarán toda una serie de sucesos que no le darán paz a Verónica ni a sus hermanas: desde aquellos clichés propios de una cinta de terror (las luces que se prenden y se apagan; las puertas que se abren y se cierran) hasta acontecimientos que, como espectadores, nos helarán hasta el último centímetro cúbico de sangre. Verónica es una película que nos estremece de principio a fin, guardando varios de los elementos clásicos del género, pero innovando en muchos otros. La cinta brilla por todos lados: las actuaciones – incluyendo la de la consagradísima Ana Torrent y el impresionante debut de Sandra Escacena – la dirección, la fotografía y el guion, todo está en su lugar para lograr hacer que no podamos evitar sentir que hay alguien a nuestras espaldas, durante y después de ver la cinta. En lo personal, la considero una gran obra para los amantes del cine del terror y la cual, les invito a poner esta noche, siempre con la advertencia de que, probablemente, no puedan conciliar el sueño con tranquilidad; de cualquier manera, estamos de vacaciones, así que no hay pretexto.

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El tango es macho

Dejen les cuento algo: los hombres cuando nos reunimos a beber hablamos de nuestros sentimientos, nos consolamos entre nosotros cuando las cosas se ven difíciles de sortear (lo que es casi siempre), lloramos y nos ofrecemos mutuamente el hombro para continuar llorando, escuchamos las penurias de los otros mientras las cajetillas de cigarro y las…

Hikikomori

La gata de piel de fuego y ojos tiernos ya no vive más, ahora sólo quedan los tenues rayos del sol que apenas iluminan mi estancia, la cual se ha quedado sin muebles, ni esperanza. Únicamente perdura el viejo tatami derruido, devorado por el paso del tiempo, ese tatami que antaño era motivo de orgullo…

Hereditary: ¿la obra maestra definitiva del cine de terror?

Cuando se piensa en la “obra maestra del cine de terror” la mayoría del público contestará que ese lugar le corresponde a El Exorcista, dirigida por William Friedkin y basada en la novela escrita por William Peter Blatty, sin embargo, hace unos años surgió una pieza que alcanzó la grandeza en términos de guion, actuación,…

¿Cuántas lunas?

¿Cuántas lunas habré observado antes de dormir? ¿Cuántas de ellas me habrán bañado con sus rayos repletos de melancolía y tristeza? ¿Cuántas veces habré deseado desvanecerme en esos parajes nocturnos? ¿Cuántas lunas habrán sido testigos silenciosos de mi angustia y soledad? ¿Cuántas lunas habré observado antes de dormir, deseando no ver ni una sola más?

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Le regalé unos libros

Me quedaba poco dinero en mis bolsillos, y con lo poco que tenía, decidí regalarle unos libros. Al entregárselos, me sonrío a medias con una mueca fría e hipócrita. Un año después volví a su departamento, y pude ver, en un rincón empolvado, los libros que le regalé todavía sin abrir, y ahí fue cuando…

The inside room: un disco que te rompe el alma

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Pues sí, tenía mi Playstation, primera consola de videojuegos desarrollada por Sony, la cual nos trajeron los Reyes Magos a mí y a mi hermano por ahí del año de 1995. El día que cumplí once años, mis papás me llevaron a que eligiera un juego por mi cumpleaños, y recuerdo haber visto esa enigmática portada en tonos grises y decidirme por ese título; recuerden que el internet no era lo que hoy en día: no había smartphones, ni WI-FI, ni YouTube, por lo que comprar un videojuego en ese entonces tenía más que ver con un asunto de intuición o algo que se platicaba con los compañeros de escuela en el recreo. Recuerdo muy bien que después de comprar el juego, fuimos los cuatro a cenar a un restaurante muy famoso por esa época aquí en la Ciudad de México que se llamaba “California”, y luego llegamos a casa; en el canal 5 de la televisión mexicana, pasaban “Pequeños gigantes”, esa película sobre futbol americano que seguramente toda mi generación ubica. Y ese fue mi cumpleaños número once.

Unas cuantas semanas después, llegaron las vacaciones de verano (mi cumpleaños es el primero de mayo) y la dinámica en la familia cambió, ya que mis padres trabajan en varios pendientes por la mañana y mi hermano salía más tarde del colegio, por lo que pasaban a recogerme y me quedaba solo en casa como hasta las cinco o seis de la tarde. En esos días, y dado que ya me encontraba de vacaciones y con bastante tiempo libre de sobra, fue que decidí comenzar a jugar Silent Hill. La obra audiovisual me atrapó: rudimentaria para nuestros días, probablemente, pero en ese momento yo nunca había visto una animación como la que prologaba a Silent Hill, todo acompañado por la música sofocante e inquietante compuesta por Akira Yamaoka; aquella mandolina siniestra erizaba los vellos de la piel desde los primeros compases. Después de aquella macabra introducción, que dejaba con más preguntas que respuestas, la aventuraba comenzaba, tomando el papel de Harry Mason, un escritor de 32 años quien es padre de la tierna Cheryl, niña que por razones que no quedan muy claras, le pide a su progenitor que vayan de vacaciones a un extraño lugar llamado Silent Hill. En el camino a ese pueblo, Harry y Cheryl se ven involucrados en un accidente de carretera; Harry se desmaya, y al despertar, cae en cuenta que Cheryl ha desaparecido, por lo que comienza rápidamente la empresa de recorrer todo el pueblo hasta encontrarle, pero la tarea no es tan sencilla, ya que todo el lugar se encuentra abrazado por una enorme capa de ceniza que dificulta la visibilidad del propio andar de Harry. Después de un rato de caminar, Harry entra en un oscuro callejón que se va haciendo cada vez más tenebroso conforme camina, y unas sirenas comienzan a sonar sin detenerse, al tiempo que nuestro protagonista encuentra una silla de ruedas abandonada, y, finalmente, un cuerpo desollado colgado de una reja en una posición similar a la crucifixión. De la nada, unos extraños seres comienzan a atacar a Harry, y repentinamente perdemos el conocimiento. Así comienza Silent Hill.

Ese sería mi primer acercamiento con la obra maestra de Konami, y recuerdo que en esas tardes lluviosas de julio en las que yo me encontraba solo en casa, el videojuego se convirtió en casi un tabú para mí: un objeto de adoración que venía acompañado de peligro y maldición, y es que no podía dejar de jugarlo, pero todo a mi alrededor comenzó a sentirse ominoso. Por momentos tenía que detenerme, ya que el miedo se apoderaba de todo mi ser, haciendo que cualquier rechinar de una puerta o el sonido del viento en alguna ventana fueran interpretados por mí como señales inequívocas de un espectro o demonio. Aun así, como les digo, no podía alejarme del videojuego. ¡Ni hablar de jugarlo por las noches o que mis papás se enteraran que yo estaba consumiendo ese tipo de contenidos! Por lo que debía hacerlo siempre a solas y de manera clandestina. Fueron muchos meses de diversión [sic] los que Silent Hill me proporcionó, porque, además, dependiendo de las decisiones tomadas por el jugador, se podían obtener varios finales distintos y encontrar armas y objetos secretos, por lo que la rejugabilidad del título era enorme.

La franquicia de Silent Hill siguió creciendo con el paso de los años, hasta llegar al punto donde hoy en día, más de veinte años después, los fanáticos seguimos en espera de un nuevo título, pero la empresa japonesa de videojuegos sigue sin dar ninguna señal clara que nos haga pensar que llegara un nuevo episodio de la saga.

Hasta hoy en día, todavía hay tardes oscuras y lluviosas que me recuerdan cómo era jugar Silent Hill en esos días de niñez, y hasta hoy en día, todavía tengo varios títulos de Silent Hill sin poder terminar, ya que, al igual que cuando tenía once años, la sugestión derivada de apagar todas las luces, cerrar las puertas y ventanas, y sentarse frente a la pantalla del televisor a jugar cualquiera de los títulos de la franquicia, se torna en una experiencia aterradora que me pone los nervios de punta, y muchas veces, ahora con 35 años, sigo sin estar dispuesto a pasar varias noches sin poder dormir.

Y sí, para los fanáticos de la serie que han llegado hasta aquí, sé que la frase de la entrada pertenece a la segunda entrega, pero es que cada que pienso en Silent Hill, esa sentencia es lo primero que llega a mi cabeza.

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Una cerveza y un mezcal

Llegué a la misma cantina de siempre y pedí la promoción usual: una cerveza y un mezcal. Mientras esperaba, un joven mesero no dejaba de verme, como si estuviera intentando encontrar algo en mi persona. Yo, con los ojos clavados en mi sucia mesa continúe esperando. De pronto, llegó el mesero de mirada intrigante y…

El mejor disco de toda la historia: Bat Out Of Hell

Verano del 2005: mi hermano y yo estábamos de vacaciones y en uno de esos días de descanso veíamos VH1; como parte de la programación, salió una película biográfica sobre el que se aseguraba, era uno de los artistas de rock más grandes de todos los tiempos: Meat Loaf. Nos quedamos viendo todo el documental…

Te imaginé…

Imaginé que, en una tarde de verano, mientras veía la televisión y fumaba un cigarro, alguien tocaba a mi puerta, mientras oía la lluvia caer.   Imaginé cómo se formaba un rostro de incertidumbre y angustia en mi ser, e imaginé levantarme con zozobra y caminar para abrir. Imaginé ver tu rostro del otro lado…

Si algo me pasa, los quiero…

Pocas veces me encuentro con algo tan desgarrador como el cortometraje del que les vengo a hablar el día de hoy. Si algo me pasa, los quiero es un filme escrito y dirigido por Will McCormack y Michael Govier ganador del Oscar a “Mejor cortometraje de animación” en el año 2021, y cuando uno lo ve, tanto por su contenido como por su forma, se entiende el por qué es que fue galardonado. Pocos documentos ayudan tanto a pensar y trabajar el duelo como este: en alguna otra entrada ya he hablado del libro de Rodrigo Morlesin titulado Elvis nunca se equivoca, y en esa ocasión yo relataba lo mucho que esa historia me ayudó a superar la muerte de mi hermano, pues bueno, Si algo me pasa, los quiero es una obra del mismo talante. No quiero decir nada más allá de lo mencionado, ya que por su corta duración es mejor que ustedes mismos vayan y se den la oportunidad de vivirlo. Es un documento visual que nos habla de la pérdida irreparable de un ser querido y de la violencia en la sociedad actual, pero también es una obra que nos habla de la esperanza y del cómo mantener vivos a esos seres que amamos y que iluminaron nuestra vida en algún momento. Vale, hasta acá, que se me hace el nudo la garganta sólo de escribir estas palabras y recordar la cinta, ustedes véanla y coméntenme qué les pareció. Si algo me pasa, los quiero se encuentra disponible en Netflix.

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Me amarás…

Me amarás… Me amarás desde siempre y para siempre, desde la noche en que nuestros labios se juntaron en un beso que sabía a clandestinidad. Me amarás con cada mensaje y con cada fotografía, con cada sonrisa y con cada lágrima extraviada en lo fugaz. Me amarás en ese motel de mala muerte, en el…

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Metalocalypse: una serie BRUTAL

Adult Swim nos ha regalado varias joyas de la animación para adultos con el paso de los años; quizá la más famosa en la actualidad sea Rick and Morty, pero esto no significa de lejos que sea la única. Hoy les vengo a hablar de Metalocalypse, animación producida por Adult Swim y emitida por primera vez en el año 2006. La serie nos narra las aventuras y desventuras de Dethklok, banda ficticia de Death Metal conformada por Nathan Explosion, William Murderface, Pickles, Skwisgaar Skwigelf y Toki Wartooth. En el universo de la serie, Dethklok es la banda más famosa e importante del mundo, representando, de hecho, la duodécima economía a nivel mundial, por lo que cada disco de Dethklok significa la reactivación de toda la economía global, y de igual manera, cada tropiezo que la banda tiene a lo largo de la serie puede llegar a significar crisis económicas globales o incluso connatos de conflictos bélicos internacionales. Desde aquí podemos notar algo de la tónica absurda y exagerada de la animación, pero no se dejen engañar, Metalocalypse contiene un humor ácido y políticamente incorrecto que termina por ser una sátira de toda la industria discográfica, así como de los gobiernos mundiales y, claro está, de las masas enajenadas bajo el modo de producción capitalista. Así como lo digo, Metalocalypse es un documento de análisis y reflexión sobre los tiempos modernos.

La serie fue un rotundo éxito en su momento, y a pesar de que Dethklok es una banda ficticia, llegó a ser patrocinada por marcas como Gibson. Por otro lado, y como es de esperarse, la serie está llena de música compuesta por la misma banda, y así como en el mundo de la animación, los discos que se grabaron y salieron al mercado resultaron ser todo un fenómeno de ventas; tanto fue así que The Dethalbum vendió 33, 741 copias sólo en la primera semana de lanzamiento, ¡convirtiéndose en el disco de Death Metal más vendido de la historia!

La música de Dethklok es una mezcla de letras irrisorias y en momentos ridículas, como por ejemplo, Duncan Hills Coffee, que es un jingle para una marca de café que destaca las propiedades del delicioso producto promocionado; en la serie, Duncan Hills Coffee se vuelve la marca más vendida de café en todo el mundo gracias a su convenio con Dethklok, y si bien, muchas de las letras hablan sobre trivialidades, la música elaborada por Dethklok posee un virtuosismo comparado sólo con pocas bandas de la talla de Therion o Meshuggah. La música de Dethklok puede ser clasificada como un Death Metal Sinfónico de la más alta calidad, y es que, en la vida real, todos los miembros de Dethklok son músicos, compositores e instrumentistas de renombre, y cada uno de los personajes se encuentran inspirados en músicos como Geezer Butler de Black Sabbath, George “Corpsegrinder” de Canibal Corspe, Yngwie Malmsteen y Mikael Akerfeldt de Opeth. Al mismo tiempo, encontraremos otros personajes como el mítico Dr. Rockso, parodia de varios músicos pertenecientes al Glam Metal, como David Lee Roth de Van Halen o Nikki Sixx de Mötley Crüe.

Existió todo un desfile de músicos invitados para participar en la serie, como James Hetfield y Kirk Hammet de Metallica, Michael Amott de Arch Enemy, Steve Smyth de Testament, King Diamond y Mike Patton de Faith No More, entre muchos otros. ¡Metalocalypse es una parada obligatoria para los amantes del Metal!

Y bueno, si no eres fan del género musical, no importa, como dije antes, Metalocalypse brilla por su sentido del humor e ingenio, haciendo que cualquiera, headbanger o no, disfrute de esta increíble serie.

Desafortunadamente, la serie terminó de manera abrupta en el 2013, y si bien hoy en día existe una suerte de “cortometraje” para darle fin a la historia, la verdad es que los fans siempre nos quedaremos con ganas de una nueva temporada.

¿Y ustedes, qué esperan para ver Metalocalypse y gritar a todo volumen “¡BRUTAL!”

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Nassau

Estábamos mi hermano y yo afuera de alguna plaza comercial de Acapulco esperando a que salieran nuestros padres. Ya era de noche, y la brisa tropical del puerto hacía que el ambiente nocturno fuese lo suficientemente agradable como para haber decidido no entrar a comprar los suministros para hacer la cena y, en su lugar, quedarnos en el auto. Yo tenía 17 años y Fernando 16. Faltaban muchísimos años para que llegaran al mundo los teléfonos inteligentes, pero ya existían aquellos que permitían introducirles música. Entonces, nos encontrábamos los dos, uno en el asiento del copiloto y el otro atrás (no recuerdo quién ocupaba cada espacio) y Fernando me dijo que escuchara una canción, así que, en esos rudimentarios aparatos que existían por ahí del 2006 – año en el que transcurre esta anécdota – comenzó a sonar Nassau, de los Hombres G. Yo casi no sabía nada de ellos, pero ahí, acostados en el auto con las ventanas abajo y atravesados por el romper de las olas, escuché:

“Nassau, son las doce la noche…”


A partir de ahí quedé como hipnotizado por la melodía y la letra, y mientras sonaba la canción, yo podía imaginar todas las cosas que se narraban en ella. Por ese entonces yo acababa de empezar a salir con una chica, y cuando vino la parte que decía: “esta mañana, me ha dejado mi novia hawaiana” no sé por qué pensé en ella y me dio mucha risa. Unos días después fui a comer casa de esta novia, y sin que yo le dijera nada, puso el Peligrosamente Juntos del cuarteto español, disco que contenía esa canción que yo había escuchado con mi hermano unos días atrás en la playa.

Sólo unas cuantas semanas después, mis papás, Fernando y yo, tuvimos la oportunidad de viajar a Europa. Era uno de esos paquetes en grupo que incluyen guía de turistas y en el que se van recorriendo distintas ciudades. Ahí conocimos a Pamela y a Irma. La mayoría de las personas del grupo eran gente muy mayor o demasiado pequeños como para convivir con ellos, por lo que conocer a Pam y a Irma, quienes eran más o menos de nuestra edad, le dio un nuevo tinte a la experiencia del viaje que llevábamos a cabo. Habrá momento para contar varias de las anécdotas divertidas que los cuatro vivimos en esos días, pero hoy sólo me centraré en lo que aconteció en Madrid.

Los cuatro fuimos a cenar pizza, mientras mis padres habían ido a algún lugar con una pareja de colombianos (¿o venezolanos? No recuerdo). De la nada, llegó un momento donde Fernando, Irma, Pamela y yo nos encontrábamos dando tumbos de madrugada por Madrid a causa de las bebidas que estuvimos consumiendo. Esa fue la primera vez que mis padres, quienes nos vieron de lejos por la calle, ahogados en alcohol, disimularon e hicieron como que no nos habían visto.

Nos empeñamos en encontrar una licorería para poder seguir tomando el vodka que no sé de dónde habíamos sacado. Llegamos a la tienda, y al preguntar con qué íbamos a mezclar el alcohol, todos convenimos el jugo sería la mejor opción. Al preguntarle al encargado si tenía jugo, hizo una cara bastante extraña y me dijo que no entendía muy bien qué era lo que le estaba pidiendo. ¿Cómo diablos explicarle a alguien a qué me refería con el concepto “jugo”? ¿”Extracto de fruta líquido”? Pedir jugo en la tienda es una de esas actividades tan repetitivas que, cuando nos descolocan de la forma tan automática en que las realizamos, no sabemos muy bien dónde quedamos parados; además, era un adolescente ebrio de madrugada en otro país a quien esperaban afuera de la tienda para poder seguir bebiendo: no tenía el tiempo ni el interés de explicar a qué me refería con jugo, a lo que el encargado sólo terminó por mencionarme que, si así lo quería, había zumo. Salí decepcionado y les dije a mis compañeros de juerga de esa noche que, desafortunadamente, no había jugo sino sólo zumo. De inmediato se comenzaron a reír de mí, y Fernando, sin decir nada, entró velozmente a la tienda y salió con el zumo que utilizaríamos para seguir tomando esa noche.

Mientras caminábamos, Fer y yo marchábamos detrás de Pamela e Irma y platicábamos lo mucho que nos gustaban, y nuestras mentes juveniles, inundadas por alcohol, se exaltaban con todas las posibilidades que esa noche prometía. De repente, interrumpimos esa conversación porque Fernando me mostró que el zumo que había comprado era de piña, y sin decir otra palabra, los dos nos comenzamos a reír y a cantar:

“Recuerdo bien, cuando estaba yo en Madrid, con mi zumo de piña…”

La noche terminó con un montón de risas, y Fernando y yo seguimos viendo a Irma y a Pamela durante muchos años después de eso. Las dos se convirtieron en una parte importantísima de nuestras vidas, y hasta hoy en día, cuando escucho Nassau de los Hombres G, sonrió al recordar esa madrugada loca por las calles de Madrid.

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