5 soundtracks que no puedes dejar de escuchar…

La música es una parte importante para el llamado “séptimo arte”: ¿podrían ustedes imaginarse Star Wars o Tiburón sin sus características bandas sonoras? Definitivamente no. Por lo que decidí dejarles cinco recomendaciones de algunos de los soundtracks que más influyeron en mí, o que con el paso de los años se han convertido en mis favoritos. Luego entonces, y sin más que añadir, aquí les dejo cinco soundtracks que, incluso si no han visto los filmes a los que pertenecen, estoy seguro que les encantarán:

1.- Pulp Fiction de Quentin Tarantino: sí, lo sé, muchos de ustedes me criticaran por recurrir a este lugar común, pero no podía dejar de encabezar la presente lista con el soundtrack de la obra más conocida (y muy probablemente, la obra maestra) de Quentin Tarantino. Digo que se trata de un lugar común porque prácticamente en cualquier lista de este tipo el soundtrack de Tiempos violentos estará incluido. Desde la primera canción que incluye el famoso diálogo de: “I love you, Honey Bunny” acompañado de la obra ya clásica de Dick Dale and The Deltones, Misirlou, hasta esa última pieza con la que concluye la cinta, Surf Rider, en la que podemos ver a John Travolta y a Samuel L. Jackson en pantalones cortos y playeras deslavadas salir de un restaurante, pasando por la escena que ya se consagró como una de las más icónicas del cine norteamericano del siglo XX en la que Travolta y Uma Thurman bailan al ritmo de Chuck Berry, se trata de un soundtrack que ayudó a que esta cinta se volviera un filme de culto. Existen muchos otros momentos gloriosos que no serían iguales sin la música que los acompaña: Girl, You’ll Be a Woman Soon o Let’s Stay Together son sólo dos ejemplos más por mencionar. “La cereza del pastel” en este soundtrack es la inclusión del pasaje bíblico que Jules Winfield, personaje interpretado por Jackson, vocifera cada que va a asesinar a uno de sus objetivos: Ezekiel 25-17. Como mención honorífica, recomiendo también el soundtrack de Jackie Brown; recuerdo haberme enamorado perdidamente de Pam Grier gracias a esa última escena en close-up de su rostro, en la que canta con nostalgia Across 110th Street de Bobby Womack; simplemente, cautivante.

2.- A Clockwork Orange de Stanley Kubrick: sin duda alguna, mi película favorita, y en gran medida se debe al soundtrack. Todo el que haya visto una cinta de Stanley Kubrick sabe que el director sabía hacer muy bien su trabajo a la hora de elegir la música que acompañaría al filme – ¿cómo olvidar Midnight, The Stars And You de Al Bowly al final de The Shining o el “Vals. No. 2” de Shostakovich en Ojos bien cerrados? – y Naranja Mecánica no es la excepción. El soundtrack cuenta con la extraordinaria participación de Walter Carlos (que ya para ese entonces había hecho la transición al género femenino como Wendy Carlos), quien no deja de sumergirnos en una atmosfera inquietante con Beethoviana, entre otras composiciones. La música de Beethoven es la piedra angular de lo sonoro, y es sencillamente deliciosa la manera en que Kubrick trabaja al compositor alemán. Por otro lado, la pieza interpretada por Gene Kelly, Singin’ In The Rain es muestra clara de cómo es que, en las manos de dos genios de la talla de Malcolm McDowell y Stanley Kubrick, la obra más melosa puede tornarse nauseabunda. Cuando McDowell comienza a improvisar dicha pieza en la escena de violación, Kubrick supo que esa canción sería el non plus ultra para el soundtrack  de su película, tanto así que mandó inmediatamente a conseguir los derechos de la pieza. Posteriormente, el propio Gene Kelly conoció a McDowell en una fiesta, y al ver al actor que interpretó a Alexander DeLarge, se volteó sin saludarlo haciendo una mueca de asco y desprecio; símbolo de un trabajo bien hecho en la pantalla por McDowell, ¿no creen?

3.- South Park: Bigger, Longer & Uncut de Trey Parker y Matt Stone: desde que tenía once años y me escondía de mis papás para ver esta serie, no he dejado de ser un gran fan de South Park. Recuerdo que por esos años, mi hermano y yo nos las ingeniamos para poder rentar Bigger, Longer & Uncut, y la adquisición clandestina valió toda la adrenalina que tuvimos que pasar. Todas y cada una de las canciones son para destornillarse de la risa, y en términos musicales, Matt Stone y Trey Parker demostraron tener lo necesario, tanto así que incluso el tema de Blame Canada les valió la nominación al Óscar por “Mejor canción original”, entre otros premios que dicho soundtrack recibió. Todo lo políticamente incorrecto, obsceno y escatológico que ha sido South Park queda perfectamente reflejado en las canciones que conforman el soundtrack de este filme. Nunca he sido fan de las películas musicales, pero South Park: Bigger, Longer & Uncut es una de mis películas de cabecera y uno de los soundtracks que cada que tengo la oportunidad escucho de principio a fin.

4.- Le Fabuleux Destin d’Amèlie Poulain: sí, lo siento, otro lugar común en esta lista, pero es que no podía dejar de lado la que, considero, se trata de la obra maestra de Yann Tiersen. El compositor francés hizo gala de su talento al escribir una obra tan sólida como lo es la música de Amelie. En lo personal, me recuerda al trabajo de su compatriota Erik Satie: Pianos nostálgicos, apenas perceptibles, que con apenas haber tocado el oído del espectador, mueven los cimientos sentimentales más profundos. El soundtrack también incluye Guilty, otra vez de Al Bowlly, y Si tu n’ètais pas là de Marguerite Boulch, dos piezas que, fácilmente, nos transportan a Montmartre, mientras nos imaginamos fumando tabaco, tomando café y discutiendo la película más nueva de Godard o La Nausea de Sartré.

5.- The Pianist de Roman Polanski: recuerdo que la primera vez que vi El Pianista, más allá de la historia, las actuaciones, o cualquier otro aspecto de la película, lo que realmente me atrapó fue la música, y es que varias de las piezas que conforman este soundtrack son de la autoría de Chopin, uno de mis compositores favoritos. Escuchar cualquiera de sus “nocturnos” es una de mis cosas preferidas en la vida, y son varias de sus composiciones las que le dan vida y sentimiento a la presente cinta de Polanski. Recomiendo escuchar a todo volumen (literalmente a todo volumen, es decir, a lo más que dé el dispositivo donde la escuchen) la “Gran Polonesa” en la versión que incluye este soundtrack y con la que concluye el filme; les aseguro que no se arrepentirán.

Como es usual, me quedo corto con la lista, deseando poder hablar de muchísimos otros soundtracks. ¿Qué les parece si, en sus comentarios, continuamos esta conversación con algunas de sus bandas sonoras predilectas?

Se me antoja la siguiente frase de Nietzsche para concluir por esta semana: “La vida sin música, sería un error”. Probablemente el cine también lo sería.

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5 películas de terror que probablemente nunca has visto

Escribir el presente texto me fue difícil porque no quería caer en lo mismo que hacen un montón de páginas de internet, blogs, YouTubers, etc., sitios en los que la mayoría de las veces van a mencionar cintas como El Conjuro, La noche del demonio, Saw o El Exorcista, razón por la que, a continuación, menciono cinco películas de terror que muy probablemente, debido a que no se tratan de filmes comerciales – en el sentido en el que estamos acostumbrados a utilizar el término – nunca hayas visto.

1.- Reencarnación: película japonesa dirigida por Takashi Shimizu en el año 2005. La cinta nos sumerge en una historia terrorífica en la cual aparecen una serie de temas que van desde los viajes astrales hasta el fenómeno conocido como dejà vu. El filme resulta ser particularmente interesante, ya que, al tratarse de una producción nipona, las categorías a las que Hollywood nos tiene acostumbrados cuando se trata de estos temas desaparecen; por el contrario, nos encontramos ante una película de terror narrada desde el punto de vista de las religiones y las sabidurías orientales. Una cinta que no te dejará dormir por varias noches, con una estética realmente aterradora e inquietante, y con uno de los mejores “giros de tuerca” que he tenido oportunidad de ver.

2.- Dark Water: sí, sé que muchos han visto la versión norteamericana de esta cinta, conocida comúnmente como Agua turbia, sin embargo, la versión japonesa dirigida por Hideo Nakata en el año 2002 merece una mención aparte. La versión “gringa” de la película es buena, pero su homónima japonesa realmente me hizo sentirme inquieto y sofocado durante varias noches. Ahora que vivo en una unidad habitacional muy parecida a la del filme japonés que les comento, créanme que la decisión de instalar un foco en el pasillo del edificio en el piso que corresponde a mi departamento estuvo influida por varias de las imágenes de Dark Water.

3.- Pelts: una pieza poco conocida del archi-conocido director italiano Dario Argento. Creador del género giallo y uno de los más grandes exponentes del cine de terror, esta obra de Argento posee una estética que, sin lugar a dudas, no dejará a nadie indiferente – particularmente la escena que hace honor al título del filme –. Como si fuera poco, la película en cuestión está protagonizada por Meat Loaf: así es, sus fans no sólo podemos disfrutar de él a través de sus discos o en algunas de sus otras actuaciones, ya sea como Eddie en El show de terror de Rocky y como el papá de Jack Black en The Pick Of Destiny, sino que aquí también aparece haciendo gala de sus dotes actorales.

4.- Dolls: esta es un poco más conocida, ya que se trata de una película de culto, a pesar de estar inserta en la clasificación del cine de serie B. Dirigida por Stuart Gordon, grabada en Italia en 1985. Como toda buena película de terror de los 80’s, los efectos especiales en Dolls dejan mucho que desear, empero, para todos aquellos que al igual que Homero gritan despavoridos con sólo escuchar la frase “títeres de trapo”, esta cinta resultará ser toda una experiencia aterradora.

5.- Pinocchio’s Revenge: Sí, sí, todos conocemos a Chucky, el “muñeco diabólico” por antonomasia, pero pocos conocen la terrible historia detrás de la película de La venganza de Pinocho. Dirigida por Kevin Tenney en 1996, esta es un largometraje que ocasionará pesadillas a grandes y a chicos, comenzando por el espeluznante muñeco protagonista de la historia.

¿Y ustedes, cuántas películas de estas recomendaciones ya conocían?

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Literatura, muerte y desesperación: crónica de un país despedazado

Sí, sé que desde el título de esta ocasión no se muestra ninguna luz de esperanza en las palabras que vienen, pero es que después de leer “La parte de los crímenes” de la novela de Roberto Bolaño titulada 2666, no pude pensar en otro título, y sinceramente, no quise pensar en otro.  

Roberto Bolaño es uno de los grandes escritores latinoamericanos de los últimos 30 años. De origen chileno, el escritor fallecido en 2003 ha dejado obras imprescindibles para la literatura latinoamericana (y por qué no decirlo, para el mundo literario en general) como lo son Los detectives salvajes y Nocturno de Chile, sin embargo, la obra de la que hoy les vengo a hablar es su última novela, publicada de manera póstuma con el título de 2666.

La lectura de esta obra es complicadísima, no sólo por la enorme extensión de la novela (entre 1,000 y 1,200 páginas, dependiendo de la edición), sino que el tema que inunda sus cuartillas es indigesto, al grado de que por momentos uno desea cerrar el libro y no volverlo a abrir, y es que el hilo central de 2666 son las denominadas “Muertas de Juárez”, aquellas mujeres que a principios de la década de los noventas del siglo pasado pusieron, lastimosamente, a México en el mapa del mundo.

2666 le da un nombre y una historia a todas aquellas mujeres que fueron brutalmente asesinadas en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, México, sólo que en la novela de Bolaño la ciudad en la que acontecen los crímenes es conocida como “Santa Teresa”.

La obra en cuestión estaba pensada para publicarse como cinco novelas por separado, sin embargo, a la muerte de Bolaño, su editor y su esposa decidieron publicarla como una sola; aun así, si uno se acerca a la obra puede constatar que, efectivamente, el libro puede ser leído como si se trataron de cinco obras independientes. “La parte de los crímenes” es aquella en que se relatan la muerte de 110 mujeres, de las cuales, se narra con lujo de detalle la forma en que fueron violadas, torturadas y finalmente, asesinadas. En lo personal, nunca había tenido que enfrentarme a un texto como el de Bolaño, en el cual, repito, se describen 110 asesinatos de mujeres. La experiencia literaria de eso es sui generis.

Sin lugar a dudas, es cuestionable la estrategia de Bolaño, ya que al querer denunciar la ola de violencia inaudita que significaron en ese momento las «Muertas de Juárez”, somete al lector en una orgia esquizofrénica de sangre, violación anal y estrangulamiento, entre otros actos propios de la barbarie. ¿Por qué leer, entonces, 2666?, La respuesta es sencilla: se trata de una obra maestra, tanto en su forma como en su contenido.

Antes que nada, aclaro: no he leído la obra completa, sólo “La parte de los crímenes”, por lo que todas mis opiniones remiten, obviamente, a dicha sección de la novela.

Al leer la presente obra de Bolaño, el lector se sumerge en una distopia, un lugar que parecería no pertenecer a este mundo en el que la impunidad y el crimen se mezclan con la droga, la brujería, la pobreza extrema, el american way of life justo a unos pasos de la frontera norteamericana, todo narrado con una cercanía y familiaridad con la que el autor logra transportarnos a esa “Santa Teresa”, tan lejana pero a la vez tan real para nosotros los mexicanos.

Como dije, no puedo dejar de pensar en un título como con el que nombro la presente columna, debido a que, las «Muertas de Juárez” nos sumergieron a todos los mexicanos en un país que comenzaba a demostrarse como hoy lo vivimos: una tierra violenta, sin futuro alguno para varios sectores de la población, con un sistema impune y corrupto, y que parece que no va para ningún lado. Ese México trágico de 2666 se multiplicó a la enésima potencia en los años posteriores a la presentación de esos casos, porque si en ese momento las «Muertas de Juárez” paralizaron a la opinión pública en México y allende sus fronteras, nadie se imaginaba cómo se pondría la situación unos años después, cuando la cifra en promedio en toda la República Mexicana de mujeres asesinadas asciende, hoy por hoy, a nueve mujeres privadas de su vida por día. Aquella pesadilla que antaño le aparecía a Bolaño y a muchos otros como un problema endémico de una región del país, hoy se extiende por todo el territorio mexicano.

La lectura de este texto se inscribe en un curso que tomé en su momento con el célebre escritor mexicano Jorge Volpi (En busca de Klingsor), curso en el cual el profesor nos comentó que la idea de leer una obra como 2666 es, por una parte, hacer caso a la denuncia que un texto como ese pretende lanzar, lo que nos lleva a re-pensar nuestra actualidad; por otro lado, la lectura de una novela como la de Bolaño tiene por objetivo, más allá del morbo inútil e improductivo, generar empatía con todas aquellas mujeres que en su momento fueron una estadística más, pero que gracias a una obra como 2666, ahora tienen un nombre, y su historia ha sido contada. Lo escalofriante de la novela es que, entre tanta locura, uno puede ir adivinando que la realidad actual encuentra su eco en la ficción desarrollada por Bolaño: en ninguno de los 110 casos se encuentra al culpable de los homicidios. Como dije, esto no es ningún spoiler, sino que es el sentimiento tan (desgraciadamente) familiar con el que lector convive desde la primera lectura de los casos.

En conclusión, 2666 se trata de una obra sólo apta para estómagos fuertes, pero indispensable para todos aquellos interesados en la violencia de género y los feminicidios, cuestiones que, desafortunadamente, parece que se incrementan día a día en nuestro país.

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6 discos de rock mexicano que nadie te ha recomendado

Nuestro país lleva años en los que la discusión entre muros, dimes y diretes sobre “nacionalismo y diplomacia” y el tema del consumo de los productos nacionales no han sido poco recurrentes, por lo que se me ocurrió que era buen momento para recomendarles a todos ustedes seis discos de rock mexicano que, muy probablemente, sólo algunos de ustedes hayan escuchado. Lo último se debe a que se trata de grabaciones que pertenecen al sub-género conocido como “rock urbano”. En realidad, el término no es muy bien visto ni por la mayoría de los conocedores del rock en México, ni por las bandas integrantes de dicho movimiento, ya que la etiqueta “urbano” inició únicamente como una aproximación para traducir el término inglés de underground, es decir, todo aquel rock que no formaba (y sigue sin hacerlo) parte del rock comercial o, en un término utilizado más recientemente, del rock mainstream. Dicho lo anterior, en esta lista no encontrarás ni el Re de Café Tacuba, ni El circo de Maldita Vecindad, ni ningún álbum de los Caifanes o Zoé. Sin más que decir, aquí les dejo seis discos de rock mexicano que nadie les ha recomendado:

1.- Hotel Barcelona de Charlie Monttana: con más de treinta años de carrera, Charlie Monttana es, hoy por hoy, uno de los exponentes más importantes del rock en México. El maestro Monttana falleció apenas el pasado 28 de mayo. Conocido como “El Divo de Neza”, “El Verdadero Novio de México” o “El Vaquero Rocanrolero”, Charlie Monttana demuestra en Hotel Barcelona el por qué de aquella diversidad de motes. Se trata de una grabación donde hacen gala las trompetas y los saxofones, acompañados del rocanrol en su estado más puro y salvaje, pasando por increíbles arreglos de piano y acordeón, todo acompañado con la furia e inmundicia que ha caracterizado a Charlie Monttana desde sus primeros pasos. Canciones como “Llegaste borracha”, “Por eso te quiero yo” o “Pinche Pancho” son muestra de lo anterior; a la par, el disco tiene momentos donde se tocan fibras sensibles, como en la canción “Sola”, que cuenta las desventuras etílicas de una chica solitaria: “Recuerdo haberte visto borracha en una chelería del Chopo, empapada de cerveza […] ‘necesito que me amen, no voy a dormir sola esta noche’”. Uno de mis discos favoritos y una verdadera joya que hay que darse la oportunidad de escuchar.

2.- Valedores juveniles del Haragán y Cia: cualquiera que se haya subido alguna vez a “la pesera” o al metro de la Ciudad de México ha escuchado alguna de las canciones (o varias) de este disco, y es que todas – ¡todas! – las piezas de esta grabación se han convertido en himnos de “la banda” con el pasar de las décadas. Desde “Él no lo mató” hasta “Basuras” pasando por “No estoy muerto” todas son canciones impregnadas de rocanrol y sentimiento, fieles documentos de esa selva de asfalto llena de perros muertos y niños en avanzado estado de ebriedad.

3.- Trolebús en sentido contrario de Trolebús: “ayer me acordé de ti mirando a dos perros hacer el amor” es la frase con la que comienza “Balada chilanga”, uno de los puntos más exquisitos de este disco. Nos encontramos ante una grabación que no deja de sorprender por su ritmo y sus letras, todas ellas narraciones de la vida cotidiana, tal y como lo demuestra “Barata y descontón” que cuenta una riña entre pandillas de barrios antagónicos: “Una tropa regandalla se ha manchado con el chavo, y fue a traer a su banda pa’ que le haga el paro”, o “El trolebús”, que cuenta el fastidio enajenante e interminable de, día tras días, tomar el transporte público: “Colgado del tubo a medio desvelo despiertas en el trolebús, sudando el boleto apretado en las manos, sudando entre la multitud”. Vale la pena también mencionar “Agua de riñón”, denuncia de carácter político. Trolebús en sentido contrario es un disco obligado para todo aquel que se jacte de ser conocedor del rock en México.

4.- Ella ya murió de Sangre Avándaro: No ha habido nadie a quien yo haya recomendado este disco y no lo haya amado. Se trata de una grabación llena de blues y rabia. Hay un grito desesperado en este disco, uno que se deja ver en temas como “Políticos huevones”, una protesta implacable contra el sistema político mexicano y aquellos que se autodenominan como los representantes del pueblo. En “Él se largó” se cuenta la historia de un joven cualquiera, inadaptado a todas luces, que “ante tanta enajenación” decide salir del país, sólo para terminar volviéndose total y absolutamente loco. El disco también tiene canciones que, para cualquier adolorido o adolorida, se convertirán prontamente en himnos para la borrachera, como “Déjalo” o “Con el esqueleto profundo”.  Sin lugar a dudas, una obra sólida se le vea por donde se le vea.

5.- Andén acústico de Sur 16: decidí no meter en esta lista Hurbanistorias de Rodrigo González debido a que “El Rockdrigo” está considerado como parte del movimiento denominado como “Rock rupestre” más que en el del “Rock urbano”, así que cuando pensé en un disco que se le asemejara, vino a mi mente Andén acústico de Sur 16. Andén acústico es una grabación compuesta por canciones llenas de puro sentimiento callejero. Piezas como “Policía chacal”, “Ángel callejero” o “Calles húmedas” son relatos melancólicos sobre el día a día de esta ciudad tan llena de matices. Otra vez, para los adoloridos recomiendo “En dos”, canción que al escucharla se les “quemarán las manos” por hablarle al ex-novio o la ex-novia y pedirle que lo vuelvan a intentar.

6.- Viajero de Banda Bostik: conocida como “La banda de las bandas”, la Bostik demuestra en este disco cómo es que se ganaron tan alto peldaño dentro de la pléyade de bandas de “urbano”. Viajero es un álbum que no deja de impresionar por la rudeza de sus acordes y sus letras, todas ellas una mezcla de sentimiento a flor de piel y denuncia: “la lluvia cae y el viento sopla triste, y mis recuerdos son tristeza y dolor, recordando a la madre triste que por el hijo inmigrante está pidiendo al Señor”. Otras canciones como “Dolor de madre”, “Tlatelolco” y “Reclusorio Barrientos” también son una buena prueba de ello. En palabras del propio “Guadaña”, líder y vocalista de la emblemática banda, mencionadas en el concierto de aniversario en el Teatro Metropólitan llevado a cabo el 8 de marzo del presente año, Viajero es el mejor disco de toda su carrera.

Para terminar, les dejó una frase de la canción llamada “Pinche vatito” de Charlie Monttana que me pareció adecuada para finalizar el presente texto, dado el contexto que mencioné en las primeras líneas: “Yo sé que tú pensabas que todo era gringo, que sentirte Mötley Crue era lo chido, ¡no, eso no es chido!”.

¿Y ustedes, ya conocían alguno de estos discos?

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