Por qué hay que ver BoJack Horseman

Después de haber terminado Breaking Bad estaba buscando una serie que pudiera estar al nivel del éxito protagonizado por Bryan Cranston. Por esa misma época me enteré del proyecto en el que participaba Aaron Paul, actor que interpretó a Jesse Pinkman en, precisamente, Breaking Bad. La serie iba sobre un caballo llamado BoJack Horseman, y según pude enterarme, se trataba de dibujos animados dentro del género de la comedia. Después de haber visto el primer capítulo quedé un tanto desanimado, ya que me pareció que no se trataba de nada extraordinario, y dejé de verla de manera inmediata. Pasó aproximadamente 1 año, y en una noche de aburrimiento, mi hermano y yo decidimos que podíamos ver BoJack Horseman; le di otra oportunidad a la serie, y en menos de una semana ya habíamos terminado la primera temporada completa, sabiendo que nos encontrábamos ante una verdadera joya del catálogo de Netflix.

Lo primero que hizo BoJack Horseman fue “matarme de la risa”. Se trata de un humor bastante peculiar y que es difícil de digerir, aun así, en cada capítulo no podía dejar de soltar una carcajada tras otra, sin embargo, conforme fue avanzando la serie, algunos otros aspectos me dejaron ver que no estaba ante una comedia común y corriente. Cada uno de los personajes se fueron volviendo profundos y complicados, y los tópicos a tratar fueron tornándose más oscuros y reflexivos. Para el final de esa primera temporada, entendí que BoJack Horseman era una serie que tenía que ver con todo, menos con una comedia de simple entretenimiento.

BoJack Horseman es una serie que atrapa desde su estética, en la que nos adentramos en un mundo extraño donde animales antropomóficos y los seres humanos conviven en la cotidianidad. Pero, a todo esto, ¿de qué va BoJack Horseman? El protagonista es un caballo de 50 años que, en los 90’s tuvo un gran éxito en una sitcom – o “comedia de situación” por su traducción al español, como Papá soltero o Married…With Children, por mencionar sólo dos ejemplos–. Pasados ya muchos años de ese éxito frívolo en la pantalla chica, BoJack es un personaje que no tiene nada por qué vivir, y que únicamente soporta el día a día aferrándose a su propio pasado; es la sombra de un recuerdo la que se traduce en la única garantía de su propio quehacer en la vida. Las cosas se complican cuando, a petición de una editorial en quiebra, BoJack debe entregar un libro autobiográfico, y a partir de ahí se desarrolla la serie.

Bojack Horseman, para decirlo de una vez por todas, es una fuerte declaración sobre los tiempos en que vivimos. Temas como el matrimonio, el divorcio, la enfermedad, la muerte, el maltrato infantil, la depresión, el suicidio, el aborto, la familia, el abuso de sustancias, las relaciones de pareja, el mundo hipócrita y vacío de las celebridades, el egoísmo inherente a cada individuo en un mundo donde “triunfar” parece ser lo más importante y el sentido de la vida en general, entre muchos otros asuntos, son manejados de una forma sutil y profunda en esta serie.

BoJack, en particular, es un personaje tan complicado y humano (a pesar de ser un caballo) que nos obliga a voltear a ver ese lado oscuro de la existencia. Él es un megalómano excéntrico y disfuncional, con un serio desequilibrio emocional que es incapaz de mostrar empatía para con cualquiera de las personas (y animales, en este caso) que lo rodean. A sus 50 años de vida, BoJack no le encuentra sentido a nada de lo que le acontece. El actor Will Arnett, encargado de darle vida a BoJack incluso tuvo que asistir a terapia psicológica al encontrarse tan metido en el difícil papel. No sólo él, sino que todos los personajes de la serie tienen vidas difíciles que apenas pueden sostener. Como decía Kierkegaard, todos sufren ya sea por “falta de vida”, o por “exceso de vida”; aun los personajes que parecen, en principio, más frívolos y despreocupados, no dejan de tener que lidiar con todos los asuntos que les acontecen.

Podría seguir escribiendo cuartillas y cuartillas sobre BoJack Horseman, pero con el ánimo de resumir, aquí enlisto algunos momentos memorables sobre la serie:

1.- El capítulo #11 de la primera temporada llamado “Downer ending” nos transporta a un mundo similar al de Miedo y asco en Las Vegas. Al entrar en un viaje lleno de drogas, BoJack debe enfrentar a varios de los demonios que lleva por dentro. Visual y emocionalmente, este episodio resulta ser un shock para el espectador.

2.- El episodio #4 de la tercera temporada, a mi parecer, se encuentra a la altura de cualquier cortometraje animado que haya sido nominado para un Óscar. En él, podemos ver una de las partes más tiernas y humanas de BoJack, al encontrarse con la figura de una pequeña niña, la que le recuerda la vida amorosa y paternal que nunca tuvo y que dejó ir por un montón de otras cosas. El trabajo de edición y la producción sonora es simplemente impecable en este capítulo.

3.- Existe un momento de la serie donde BoJack toca fondo, y el diálogo donde le pide a Diane, amiga y escritora, que le diga que debajo de todo lo autodestructivo y nocivo que él resulta ser existe bondad en su persona, es sencillamente desgarrador.

4.- He cuidado mucho no incluir ningún spoiler, por lo que sólo diré que, la frase mencionada por el personaje de Sarah-Lynn, “I wanna be an architect” en el capítulo #11 de la tercera temporada, es una de las más tristes que he presenciado en una serie de televisión.

La serie actualmente ha llegado a su fin, por lo que, si no la has visto y deseas empezar un largo maratón de una de las series más polémicas, aclamadas y galardonadas de nuestros últimos tiempos, puedes hacerlo sin ningún problema.

¿Y ustedes que ya vieron BoJack Horseman, qué opinan? ¿Y ustedes que no la han visto, qué diablos esperan para hacerlo?

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10 canciones de Led Zeppelin que tienes que escuchar

Led Zeppelin fue una de esas bandas que marcó mi adolescencia. Yo tenía – si mal no recuerdo – quince años cuando llegué a mi casa con el disco Remasters que había comprado por curiosidad; eran ya muchas las opiniones de varios amigos de “la prepa”, los cuales insistían que debía escuchar a esa banda. Desde la primera vez que puse atención a la furiosa guitarra eléctrica de Jimmy Page en Communication Breakdown, no dejé de escuchar a Zeppelin una y otra vez, hasta la fecha.

Esta semana desempolvé por azares del destino mi Physical Graffiti, una de las obras más sólidas del cuarteto, por lo que decidí que ahora escribiría una lista, a manera de recomendación, de mis diez canciones favoritas de Led Zeppelin.

Esta lista es tanto para fans de la banda, como para aquellos que conozcan poco o nada de ellos y deseen “entrarle” de lleno a la música de la legendaria banda de rock. Así que, sin más, he aquí la lista:

1.- The Girl I Love She Got Long Black Wavy Hair: perteneciente a las sesiones de la BBC, esta canción nos deja escuchar a un Led Zeppelin en su estado más salvaje. Con un riff de guitarra que nos hará ponernos a bailar durante tres minutos de manera ininterrumpida, la presente canción es, sin lugar a dudas, uno de los testimonios más fieles de lo bien que sonaba Zeppelin en vivo.

2.- The Rain Song: puedo decir sin miedo a equivocarme que The Rain Song de Led Zeppelin es una de las melodías más hermosas que he escuchado en mi vida. Es una de esas canciones que sólo Led Zeppelin pudo haber escrito, mezclando la nostalgia más delicada con la rabia de la batería de Bonzo Bonham y la voz de Robert Plant. Recomiendo escuchar la versión del álbum en vivo The Song Remains The Same, aunque la original del Houses Of The Holy no se queda atrás. Es una de esas canciones que corro a poner cuando, poco a poco, las gotas de lluvia comienzan a golpetear la ventana.

3.- Hot Dog: una pieza que demuestra la influencia del country y el rockabilly de los 50’s en la alineación británica. Con una letra divertida y un ritmo frenético, Hot Dog es una de esas canciones que probablemente no reflejan el genio artístico de la banda, pero que no dejan de ser tres minutos que pueden convertirse en uno de los momentos predilectos de la discografía de Zeppelin para más de uno.

4.- The Lemon Song: perteneciente al Led Zeppelin II, The Lemon Song es un blues con una letra bastante sugestiva; se trata de una pieza donde cada uno de los instrumentos está en su lugar, de manera que mientras la guitarra de Page no deja de sonar, el bajo de John Paul Jones nos sorprende con una epicúrea aparición. Un blues crudo y aparatoso, pero a la vez lleno de sensualidad. 

5.- Tangerine: una de las piezas más nostálgicas de la agrupación británica. Desde el casi imperceptible conteo en voz baja que antecede a la canción, hasta la maravilla acústica que alcanza la guitarra de Page, y una voz llena de dolor, cortesía de Robert Plant, Tangerine se corona como una de esas delicias escondidas en toda la discografía de Led Zeppelin. La canción se torna más sentimental cuando se tiene en cuenta que es la melodía que pone fin a la célebre película de Cameron Crowe, Almost Famous, cinta que, cabe mencionar, resulta ser un relato autobiográfico del cineasta, el cual se fue de gira con Led Zeppelin durante los años 70’s.

6.- Going To California: esta es una de esas canciones que se pueden escuchar más de mil veces, empero, siempre sonará como si fuese la primera vez. El juego cadencioso que se puede presenciar en esta pieza entre la guitarra de Page, la mandolina de Jones y la voz de Plant resulta ser una delicia para el oído. Con una letra que suena a poesía, Going To California es una muestra de cómo se debe introducir una canción acústica en uno de los discos que inventó el Heavy Metal, es decir, el Untitled, más comúnmente conocido como Led Zeppelin IV.

7.- When The Levee Breaks: hablando de la invención del Heavy Metal, la presente canción de Zeppelin es una bofetada dura y directa a todos los escépticos que dudan de la autoría de dicho género en manos de Plant, Page, Jones y Bonham. Del mismo Untitled de 1972, When The Levee Breaks es un torbellino ascendente que no deja de arrastrarnos durante casi ocho minutos. La guitarra de Page y la batería de Bonham no dejan dudas sobre el lugar de Zeppelin con este cuarto disco, junto con el Paranoid de Black Sabbath y el Machine Head de Deep Purple sobre quiénes son los padres del Metal.

8.- Bron-Yr-Aur/Boogie With Stu/Black Country Woman: la verdad es que esta octava posición es una trampa flagrante, ya que estoy colocando tres canciones del ya mencionado Physical Graffiti. disco que demuestra lo dicho por Homero Simpson: “el rock alcanzó la perfección en 1974, es un hecho científico”

9.- Achilles Last Stand: si yo tuviera que resumir a Led Zeppelin en una canción, sería ésta. Achilles Last Stand llega a puntos épicos que ninguna otra obra de Zeppelin logra conseguir. Es una canción que habla sobre la fractura de tobillo que sufrió Plant, la cual vino acompañada por una serie de otros eventos desafortunados, como la muerte de su hijo (hecho del que las malas lenguas cuentan que todo fue desencadenado por la incursión de Jimmy Page en las ciencias oscuras). A través de diez minutos con veintitrés segundos, cada uno de los integrantes de Led Zeppelin exponen la maestría en lo que a cada uno concierne: las vocales de Plant son excelsas; la guitarra de Page no tiene comparación; el bajo de John Paul Jones es incansable; la batería de Bonham despide furia como ninguna otra batería lo había hecho hasta ese momento. En conclusión, con Achilles Last Stand, perteneciente al penúltimo disco de estudio de la banda con sus cuatro miembros en vida, se demuestra el por qué la banda terminó a la muerte de Bonham: Led Zeppelin no podía ser Led Zeppelin sin uno de sus cuatro miembros originales.

10.- Tea For One: si tuviera que elegir una palabra con la cual describir esta canción sería “dolor”, y es que sí, desde la primera nota, Tea For One duele. Una pieza que nos recuerda por momentos a la épica Since I’ve Been Loving, pero con una cadencia más lenta, que nos recuerda a los inicios más bucólicos de la música blues. Tea For One es una de esas canciones que nos sumerge en una atmosfera de la cual es imposible escapar, y que, en mi humilde opinión, es una de las muestras imprescindibles para poder comprender a Zeppelin en su totalidad.

¿Qué opinan de la lista?, ¿Cuáles son sus canciones favoritas de Led Zeppelin?, ¿Conocían alguna de esta lista? Espero su respuesta en la caja de comentarios. ¡Saludos!

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10 canciones de The Cure para el otoño

Desde que tenía aproximadamente catorce años, recuerdo bien, ya era un fan de The Cure declarado, y hasta la fecha puedo decir sin miedo a equivocarme que se trata de mi banda favorita. También puedo recordar que, desde ese entonces, una vez que el verano había quedado atrás y las hojas de los árboles comenzaban a caer, dejando detrás de sí todo un asfalto lleno de esa carpeta parda, la cual es removida por un viento lánguido y nostálgico, en mi mente comenzaban a sonar varias melodías pertenecientes al conjunto británico.

Hoy fue uno de esos días en los que comencé a reconocer ese otoño que ya está aquí, y con él, llegaron a mi memoria varias de esas melodías que les comento. He aquí una lista de 10 canciones de The Cure para todo el que quiera, sea fan de la banda o no, llenar sus sienes con aquellos melancólicos acordes:

1.- Cloudberry: perteneciente a las sesiones perdidas del disco Wish de 1992 y que fueron recopiladas en la cinta de Lost Wishes, esta pieza instrumental nos transporta a lugares que, muy probablemente, desconocíamos antes de escucharla. Se trata de una grabación llena de tristeza y añoranza, que nos sumerge en un estado en el que, difícilmente, podríamos diferenciar lo onírico de lo real. Tal y como mencioné, se trata de una pieza instrumental, lo que no dificulta que, para los que ya conozcan a la banda, aparezca inmediatamente el sello de The Cure aun sin la inconfundible voz de Robert Smith. Nada como irse a un alejado jardín en una tarde en la que el sol esté a punto de desvanecerse y escuchar esta canción.

2.-  Play: este b-side del sencillo High, de igual manera perteneciente al disco Wish, nos sumerge en las últimas palabras que un desdichado amante dirige a su pareja en el momento de la inevitable ruptura amorosa. Es una melodía lenta y llena de arrepentimiento, pero que no deja de sorprender por su belleza.

3.- This Twilight Garden: “I lift my lips from kissing you, to kiss the sky cloud soft and blue” son las primeras líneas de esta canción de The Cure que, por su forma y contenido, podrían asemejarse más a un poema. La canción en cuestión crea ciertas imágenes mentales que bien podrían recordarnos al jardín descrito en el cuento gótico de “La hija de Rappaccini” de Nathaniel Hawthorne, y que nos conducen a uno de esos lugares que, aparentemente, sólo existen en los sueños.

4.Where The Birds Always Sing: proveniente de unos de los discos más aclamados de The CureBloodflowers del año 2000 – esta canción nos sumerge en una profunda reflexión, mientras que no deja de seducirnos y hacernos pensar en ese otro mundo que creamos en nuestras mentes y que parece estar tan alejado, pero en el cual por momentos llegamos a refugiarnos.

5.- Homesick: una de las piezas más desgarradoras de The Cure, perteneciente al que, para mi gusto, es el mejor disco que se ha grabado en toda la historia de la música rock. Disintegration es ese álbum que creó atmosferas y sentimientos que, hasta ese momento, nunca habían sido musicalizados. Homesick, en particular, aborda la representación del sentimiento de la nostalgia (traducción literal del término Homesick). La canción va en un crescendo, incorporando instrumentos para llegar a la lastimosa voz de Robert Smith, y finalmente, desvanecer el sonido hasta llegar al silencio.

6.The Big Hand: otro b-side que brilla por su propia cuenta, al grado que pudo haber sido el sencillo y no el lado-b. Desde que escuchaba esta canción en mi época de adolescencia, no podía dejar de conmoverme por la grisácea atmosfera llena de tristeza que esta melodía produce. Con unas líricas con tonos más oscuros que claros, la canción nos habla sobre aquellas cosas que determinan nuestra existencia y parecen manejar nuestra vida a su antojo y en contra de nuestra voluntad, llevándonos, tarde o temprano, a la infelicidad.

7.- Before Three: en el año 2004, The Cure nos sorprendió a todos sus fans con su primer disco homónimo, y aunque hubo bastantes opiniones encontradas, la verdad es que para la mayoría de nosotros significó un álbum sólido y de buena calidad. Más allá de The End Of The World, primer sencillo de este disco y una de las piezas más conocidas de la banda, Before Three es la canción que integro a esta lista. Con una de las mejores letras escritas por Robert Smith (y eso ya es mucho decir), Before Three es, al igual que This Twilight Garden, una melodía que evoca pasajes que, probablemente, creíamos que sólo se hallaban en el mundo de los sueños.

8.- Doing The Unstuck (Demo): hace unos años, cuando uno buscaba alguna rareza de The Cure o de cualquier otra banda de rock, la mayoría de las veces era necesario pasarse sábados completos en “El Chopo”, preguntando de puesto en puesto y examinando cada una de las grabaciones que se encontraban en éstos. Ahora, gracias a plataformas como YouTube es demasiado sencillo poder acceder a cualquiera de estas rarezas. De esta forma, ya no resulta difícil poder escuchar el demo de Doing The Unstuck, y es que si bien la canción original guarda ese ambiente nostálgico, no hay nada como escuchar el demo de esta canción mientras se observa por una ventana un atardecer cualquiera de otoño.

9.This Is A Lie: una de las canciones más conmovedoras de The Cure. This Is A Lie nos atrapa con su guitarra acústica y sus arreglos de violín y no da tregua alguna al que la escucha, y es que, ¿puede haber momento más amargo que el de cuando se descubre una mentira? Es justo ese sentimiento el que la canción logra transmitir (vale la pena escuchar la versión del Join The Dots, disco recopilatorio de b-sides, remixes, colaboraciones, etc.).

10.Push: esta es una de las canciones que más ha interpretado The Cure en sus últimas giras. La canción no tiene tintes oscuros ni mucho menos, pero en lo personal, siempre me transmite una enorme nostalgia, como por algo que se ha dejado atrás y se desea recuperar. Saber que la canción habla de un viaje en tren podría ser una buena pista de lo que Robert Smith quería compartir al escribir Push.

Así que esas son las 10 canciones de The Cure que recomiendo para este otoño. ¿Qué les han parecido?, ¿Las conocen? Dejen sus comentarios, y si les gustó esta lista háganmelo saber, y próximamente los dejaré con la continuación, es decir, 10 canciones de The Cure para el invierno. 

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Una charla de café sobre literatura gótica y de terror

Hace no mucho que recibí en mi hogar la grata visita de mi amigo “Godo”, y entre muchas de las cosas que se hablaron esa tarde, nos propusimos leer y discutir El Hombre de la Arena del célebre escritor alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.

Este era un cuento que yo ya conocía debido a que, hace ya unos cuantos años, tomé un curso de literatura gótica, en el cual, el profesor hizo énfasis en dos textos: el primero de ellos El Castillo de Otranto de Horace Walpole, escrito famoso por estar considerado como la primera obra literaria perteneciente al género de lo gótico y el terror; el segundo de ellos era El Hombre de la Arena de Hoffmann, el cual, según nos decía el maestro, se trataba de uno de los pilares y más grandes representantes de dicho género.

El hombre de la arena es uno de esos textos de los cuales es mejor no decir ni una palabra, no sólo porque existe el riesgo latente de arruinar algunos detalles o la totalidad de la historia, sino porque al callar sobre su contenido, no hacemos otra cosa más que aumentarle un aire misterioso y tenebroso a la obra en cuestión.

Lo que sí puedo decirles es que se trata de una delicia; en lo particular, me hizo revivir el amor por la literatura gótica. Gracias a esta lectura recordé a otros de mis pasajes favoritos en lo relativo a este género: reviví La sombra sobre Innsmouth de H.P. LovecraftEl pueblo blanco de Arthur MachenOtra vuelta de tuerca de Henry JamesEl cuervo de Allan PoeFausto de Goethe, entre otros.

La recomendación que me hizo el buen “Godo” y que ahora les hago a todos ustedes es la de complementar la lectura de El Hombre de la Arena con el estudio que Sigmund Freud realiza sobre dicha obra, intitulado como “Lo ominoso”.

En resumidas cuentas, se trata de un cuento constituido como todo un clásico de la literatura gótica y de terror que sorprende por su forma, y el cual hará que los vellos del brazo se les ericen a más de uno de ustedes. Por mi parte, me dispongo a continuar con otro trabajo del propio Hoffmann, el cual también vale la pena mencionar: Los elixires del diablo.

A título personal, recomiendo la colección perteneciente a la editorial Valdemar titulada “El Club de Diógenes”, en la cual encontrarán todos los títulos mencionados aquí y muchísimos más. Aunque los libros pertenecientes a dicha colección pueden resultar un tanto caros, la estética de cada una de las piezas, así como la traducción, los estudios preliminares y el aparato crítico valen mucho la pena.

¿Y ustedes, qué obras de terror gótico han leído? Si les interesa el tema, también pueden visualizar nuestro canal de YouTube, donde encontrarán un video titulado “Zorro en la noche: literatura gótica y de terror”, para seguir discutiendo sobre todas estas obras, ahora que nos encontramos en el mes del terror.

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Fotografía, muerte y nostalgia

Siempre han recurrido a mí, desde pequeño, ciertas imágenes que me han llenado de nostalgia y melancolía; probablemente a ustedes también les ocurra o por lo menos les haya pasado en una ocasión. Algún estanque desolado en medio de una lejana foresta; un atardecer en una ciudad desconocida; una calle llena de hojas muertas de otoño; una sala de estar en una vieja casona en la que se filtran unos lánguidos rayos solares en la que nunca hemos estado, y, sin embargo, sentimos aquella imagen tan nuestra.

Todas las escenas anteriormente dibujadas son susceptibles de aparecernos, la mayoría de las veces, por medio de la fotografía, por lo que no es extraño que el trabajo de algunos fotógrafos nos llame tanto y de manera tan profunda la atención, ya que muchas de estas obras nos retrotraen a aquellos paisajes.

Hace unos pocos días estas ideas comenzaron a circular en mi mente gracias a la lectura de La cámara lúcida del célebre pensador francés Roland Barthes. En dicho texto, Barthes pretende llevar a cabo un análisis de la fotografía, pero a diferencia de otras reflexiones que el arte fotográfico ha suscitado (recomiendo Breve historia de la fotografía y La obra de arte en su época de reproductibilidad técnica de Walter Benjamin y Sobre la fotografía de Susan Sontag), el objetivo del semiólogo francés no es dar cuenta de las implicaciones políticas o sociales de la fotografía; no, lo que Barthes propone es poner al “yo” como centro de las reflexiones que llevará a cabo.

La cámara lúcida nos habla de la fotografía – o mejor dicho, “de las fotografías”, porque hablar de La Fotografía sería algo imposible, según el autor – a partir de una experiencia que golpea a Barthes de forma fulminante: la muerte de su madre. En palabras del propio autor, ella significaba absolutamente todo para él, y sin ella, la vida pierde prácticamente todo su sentido. Es en ese momento cuando Barthes encuentra una foto de su madre (la denominada “Foto del Invernadero”) donde algo, un detalle indecible e insignificante a primera vista para cualquiera, lo trastoca de una forma tan poderosa que le resulta imposible no analizar de qué se trata, y es que hay “algo” ahí tan poderoso que ni siquiera pudo ser advertido por el propio autor de la fotografía, que nos “hiere” y nos “punza” (de ahí el término en latín utilizado por Barthes: punctum).

Después de leer este texto tan sui generis, sentí la enorme necesidad de pensar en todo lo dicho ahí. Ha habido a lo largo de mi vida una serie de fotos que, al igual que le sucedió al autor con La Foto del Invernadero, me han “herido” en lo más profundo. Pienso de inmediato en la obra del fotógrafo francés Eugène Atget, la cual nos sumerge en las calles de París, pero no del París que aparece en las postales tan difundidas ni conocidas; no el París del glamour y las boutiques; no, la obra de un fotógrafo como Atget nos transporta a un París que pocos conocen y en el que se escondían las verdaderas historias de esa ciudad; la obra de Atget expresa la necesidad de encontrar ese París que – y el autor lo sabía – estaba a punto de desaparecer, y por lo tanto existía la obligación de dejar un registro de esa “otra” ciudad. En aquellas imágenes resuenan los poemas de Baudelaire y se puede oler el perfume de la soledad y la añoranza.

La idea básica de las reflexiones de Barthes en la presente obra es que, finalmente, toda fotografía suscita una reflexión por la muerte, ya que en última instancia lo que una fotografía nos dice es “esto ha sido”. De ahí el carácter nostálgico que ciertas imágenes fotográficas contienen para nosotros. Para Barthes, la fotografía capta un momento único e irrepetible que no puede ser secuenciado y que tampoco puede insertarse en una serie de otras imágenes, cosa que distingue a una fotografía de una secuencia cinematográfica: “¿Es que acaso en el cine añado algo a la imagen? No lo creo; no me deja tiempo: ante la pantalla no soy libre de cerrar los ojos; sino, al abrirlos otra vez no volvería a encontrar la misma imagen; estoy sujeto a una continua voracidad”, dice el autor en La cámara lúcida.

Manuel Álvarez Bravo, El ensueño, 1931.

Aquella jovencita de la foto fechada en 1931 de Manuel Álvarez Bravo titulada El ensueño, con toda seguridad ha muerto ya para el momento en que redacto estas líneas, y eso hace que salte a la vista otro aspecto de la fotografía: al ser fotografiados, nuestra imagen deja de pertenecernos, y a partir de ahí, incluso después de nuestra propia muerte, le pertenece a cualquier posible spectator. Por eso nos preocupa que nos tomen una fotografía, y eso se hace evidente cuando sabemos que seremos fotografiados e intentamos mostrarnos como nos gustaría que los demás nos vean, sea en una fiesta familiar o para un diploma o para lo que sea, no importa, la fotografía siempre conlleva una pose del individuo que sabe que, después de ser tomada la fotografía, ese “yo” se deja de pertenecer a sí mismo; nuestro “yo” y el ser representado en la imagen fotográfica se convierten, desde ese momento, en dos entidades separadas.

¿Y ustedes, qué opinan de la fotografía?

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The inside room: un disco que te rompe el alma

Era diciembre del año 2011, y buscando recomendaciones discográficas en la red, llegó a mis manos The inside room de la banda 40 Watt Sun, y desde la primera vez que lo escuché, se clavó profundo en mi alma. La banda británica, perteneciente al subgénero del Doom Metal, había lanzado ese mismo año una pieza…

Una cerveza y un mezcal

Llegué a la misma cantina de siempre y pedí la promoción usual: una cerveza y un mezcal. Mientras esperaba, un joven mesero no dejaba de verme, como si estuviera intentando encontrar algo en mi persona. Yo, con los ojos clavados en mi sucia mesa continúe esperando. De pronto, llegó el mesero de mirada intrigante y…

Interstella 5555: música (y cine) ligada a tus recuerdos

Todos los que nacimos a finales de los 80’s o principios de los 90’s recordaremos haber visto en MTV (sí, cuando MTV pasaba música) por ahí del año 2001, un video musical con un tema bastante pegajoso y visualmente muy atractivo. A pesar de que el dúo francés de música electrónica, Daft Punk, ya había tenido relativo éxito con temas como Around The World del disco Homework, fue con el tema de One More Time con el que se catapultaron a la fama mundial.

Sí, efectivamente, el video de One More Time es del que les estoy hablando – una vez más, todos los que nacieron en las fechas anteriormente mencionadas ya sabían de qué video les estaba hablando –. Ver aquel video con esos seres azules, que muy probablemente a todos nos parecían una versión más rock y psicodélica de Los Pitufos, fue una de las cosas que puso a bailar al mundo entero, y que aún hoy, en varios de los lugares de la vida nocturna de la Cuidad de México y de muchos otros lados, lo sigue haciendo.

Pasados unos meses se estrenó el segundo sencillo del álbum: Aerodynamic, y cuyo clip continuaba con la historia presentada en One More Time. Posteriormente vino Digital Love (hasta la fecha una de mis piezas favoritas) y después fue el turno de Harder, Better, Stronger, Faster. Para mi infortunio, y a la tierna edad de once años, con el último sencillo se estrenaba el último video musical, y la historia quedó truncada para más de uno, incluyéndome a mí…o al menos eso creía.

Hace un par de semanas descubrí que aquellos videos musicales de antaño formaban parte de una película: Interstella 5555. Y sí, como era de esperarse, el filme no es otra cosa sino la ambientación cinematográfica del Discovery, disco del que se desprenden todos los sencillos mencionados más arriba. Así que, después de todo, pude saber cuál fue el desenlace de la historia que muchos años atrás me había cautivado.

Interstella 5555 quizá no se trate de la “quinta joya de la corona” en lo relativo al séptimo arte, pero para todos aquellos que disfrutan de la música de Daft Punk, el filme resulta imprescindible, y para aquellos que no estén familiarizados con la música del dueto francés esta obra puede ser una excelente introducción, ya que, y lo digo a título personal, Discovery es el mejor disco de Daft Punk (superando por mucho al sobrevalorado Random Access Memories).

La película divierte y conmueve, además de que hará que en más de una ocasión nos den ganas de bailar. Con una animación que no deja duda de la impronta nipona que contiene, Interstella 5555 puede ser una buena oportunidad para escuchar (y observar) un documento que nos acerca al principio del presente milenio.

 ¿Cuántos de ustedes conocían este filme? Como siempre me despido esperando ver sus comentarios.

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Me amarás… Me amarás desde siempre y para siempre, desde la noche en que nuestros labios se juntaron en un beso que sabía a clandestinidad. Me amarás con cada mensaje y con cada fotografía, con cada sonrisa y con cada lágrima extraviada en lo fugaz. Me amarás en ese motel de mala muerte, en el…

5 soundtracks que no puedes dejar de escuchar…

La música es una parte importante para el llamado “séptimo arte”: ¿podrían ustedes imaginarse Star Wars o Tiburón sin sus características bandas sonoras? Definitivamente no. Por lo que decidí dejarles cinco recomendaciones de algunos de los soundtracks que más influyeron en mí, o que con el paso de los años se han convertido en mis favoritos. Luego entonces, y sin más que añadir, aquí les dejo cinco soundtracks que, incluso si no han visto los filmes a los que pertenecen, estoy seguro que les encantarán:

1.- Pulp Fiction de Quentin Tarantino: sí, lo sé, muchos de ustedes me criticaran por recurrir a este lugar común, pero no podía dejar de encabezar la presente lista con el soundtrack de la obra más conocida (y muy probablemente, la obra maestra) de Quentin Tarantino. Digo que se trata de un lugar común porque prácticamente en cualquier lista de este tipo el soundtrack de Tiempos violentos estará incluido. Desde la primera canción que incluye el famoso diálogo de: “I love you, Honey Bunny” acompañado de la obra ya clásica de Dick Dale and The Deltones, Misirlou, hasta esa última pieza con la que concluye la cinta, Surf Rider, en la que podemos ver a John Travolta y a Samuel L. Jackson en pantalones cortos y playeras deslavadas salir de un restaurante, pasando por la escena que ya se consagró como una de las más icónicas del cine norteamericano del siglo XX en la que Travolta y Uma Thurman bailan al ritmo de Chuck Berry, se trata de un soundtrack que ayudó a que esta cinta se volviera un filme de culto. Existen muchos otros momentos gloriosos que no serían iguales sin la música que los acompaña: Girl, You’ll Be a Woman Soon o Let’s Stay Together son sólo dos ejemplos más por mencionar. “La cereza del pastel” en este soundtrack es la inclusión del pasaje bíblico que Jules Winfield, personaje interpretado por Jackson, vocifera cada que va a asesinar a uno de sus objetivos: Ezekiel 25-17. Como mención honorífica, recomiendo también el soundtrack de Jackie Brown; recuerdo haberme enamorado perdidamente de Pam Grier gracias a esa última escena en close-up de su rostro, en la que canta con nostalgia Across 110th Street de Bobby Womack; simplemente, cautivante.

2.- A Clockwork Orange de Stanley Kubrick: sin duda alguna, mi película favorita, y en gran medida se debe al soundtrack. Todo el que haya visto una cinta de Stanley Kubrick sabe que el director sabía hacer muy bien su trabajo a la hora de elegir la música que acompañaría al filme – ¿cómo olvidar Midnight, The Stars And You de Al Bowly al final de The Shining o el “Vals. No. 2” de Shostakovich en Ojos bien cerrados? – y Naranja Mecánica no es la excepción. El soundtrack cuenta con la extraordinaria participación de Walter Carlos (que ya para ese entonces había hecho la transición al género femenino como Wendy Carlos), quien no deja de sumergirnos en una atmosfera inquietante con Beethoviana, entre otras composiciones. La música de Beethoven es la piedra angular de lo sonoro, y es sencillamente deliciosa la manera en que Kubrick trabaja al compositor alemán. Por otro lado, la pieza interpretada por Gene Kelly, Singin’ In The Rain es muestra clara de cómo es que, en las manos de dos genios de la talla de Malcolm McDowell y Stanley Kubrick, la obra más melosa puede tornarse nauseabunda. Cuando McDowell comienza a improvisar dicha pieza en la escena de violación, Kubrick supo que esa canción sería el non plus ultra para el soundtrack  de su película, tanto así que mandó inmediatamente a conseguir los derechos de la pieza. Posteriormente, el propio Gene Kelly conoció a McDowell en una fiesta, y al ver al actor que interpretó a Alexander DeLarge, se volteó sin saludarlo haciendo una mueca de asco y desprecio; símbolo de un trabajo bien hecho en la pantalla por McDowell, ¿no creen?

3.- South Park: Bigger, Longer & Uncut de Trey Parker y Matt Stone: desde que tenía once años y me escondía de mis papás para ver esta serie, no he dejado de ser un gran fan de South Park. Recuerdo que por esos años, mi hermano y yo nos las ingeniamos para poder rentar Bigger, Longer & Uncut, y la adquisición clandestina valió toda la adrenalina que tuvimos que pasar. Todas y cada una de las canciones son para destornillarse de la risa, y en términos musicales, Matt Stone y Trey Parker demostraron tener lo necesario, tanto así que incluso el tema de Blame Canada les valió la nominación al Óscar por “Mejor canción original”, entre otros premios que dicho soundtrack recibió. Todo lo políticamente incorrecto, obsceno y escatológico que ha sido South Park queda perfectamente reflejado en las canciones que conforman el soundtrack de este filme. Nunca he sido fan de las películas musicales, pero South Park: Bigger, Longer & Uncut es una de mis películas de cabecera y uno de los soundtracks que cada que tengo la oportunidad escucho de principio a fin.

4.- Le Fabuleux Destin d’Amèlie Poulain: sí, lo siento, otro lugar común en esta lista, pero es que no podía dejar de lado la que, considero, se trata de la obra maestra de Yann Tiersen. El compositor francés hizo gala de su talento al escribir una obra tan sólida como lo es la música de Amelie. En lo personal, me recuerda al trabajo de su compatriota Erik Satie: Pianos nostálgicos, apenas perceptibles, que con apenas haber tocado el oído del espectador, mueven los cimientos sentimentales más profundos. El soundtrack también incluye Guilty, otra vez de Al Bowlly, y Si tu n’ètais pas là de Marguerite Boulch, dos piezas que, fácilmente, nos transportan a Montmartre, mientras nos imaginamos fumando tabaco, tomando café y discutiendo la película más nueva de Godard o La Nausea de Sartré.

5.- The Pianist de Roman Polanski: recuerdo que la primera vez que vi El Pianista, más allá de la historia, las actuaciones, o cualquier otro aspecto de la película, lo que realmente me atrapó fue la música, y es que varias de las piezas que conforman este soundtrack son de la autoría de Chopin, uno de mis compositores favoritos. Escuchar cualquiera de sus “nocturnos” es una de mis cosas preferidas en la vida, y son varias de sus composiciones las que le dan vida y sentimiento a la presente cinta de Polanski. Recomiendo escuchar a todo volumen (literalmente a todo volumen, es decir, a lo más que dé el dispositivo donde la escuchen) la “Gran Polonesa” en la versión que incluye este soundtrack y con la que concluye el filme; les aseguro que no se arrepentirán.

Como es usual, me quedo corto con la lista, deseando poder hablar de muchísimos otros soundtracks. ¿Qué les parece si, en sus comentarios, continuamos esta conversación con algunas de sus bandas sonoras predilectas?

Se me antoja la siguiente frase de Nietzsche para concluir por esta semana: “La vida sin música, sería un error”. Probablemente el cine también lo sería.

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The Midnight Gospel: una cura contra el dolor

Han pasado ya algunos años desde que, por motivos de la expansión del COVID-19 a nivel mundial y de forma acelerada, tuvimos que resguardarnos en nuestros hogares. Fue en ese entonces, y debido a dicha situación, que muchos de nosotros encontramos una buena manera de pasar el tiempo descubriendo series y películas en diversos medios…

5 películas de terror que probablemente nunca has visto

Escribir el presente texto me fue difícil porque no quería caer en lo mismo que hacen un montón de páginas de internet, blogs, YouTubers, etc., sitios en los que la mayoría de las veces van a mencionar cintas como El Conjuro, La noche del demonio, Saw o El Exorcista, razón por la que, a continuación, menciono cinco películas de terror que muy probablemente, debido a que no se tratan de filmes comerciales – en el sentido en el que estamos acostumbrados a utilizar el término – nunca hayas visto.

1.- Reencarnación: película japonesa dirigida por Takashi Shimizu en el año 2005. La cinta nos sumerge en una historia terrorífica en la cual aparecen una serie de temas que van desde los viajes astrales hasta el fenómeno conocido como dejà vu. El filme resulta ser particularmente interesante, ya que, al tratarse de una producción nipona, las categorías a las que Hollywood nos tiene acostumbrados cuando se trata de estos temas desaparecen; por el contrario, nos encontramos ante una película de terror narrada desde el punto de vista de las religiones y las sabidurías orientales. Una cinta que no te dejará dormir por varias noches, con una estética realmente aterradora e inquietante, y con uno de los mejores “giros de tuerca” que he tenido oportunidad de ver.

2.- Dark Water: sí, sé que muchos han visto la versión norteamericana de esta cinta, conocida comúnmente como Agua turbia, sin embargo, la versión japonesa dirigida por Hideo Nakata en el año 2002 merece una mención aparte. La versión “gringa” de la película es buena, pero su homónima japonesa realmente me hizo sentirme inquieto y sofocado durante varias noches. Ahora que vivo en una unidad habitacional muy parecida a la del filme japonés que les comento, créanme que la decisión de instalar un foco en el pasillo del edificio en el piso que corresponde a mi departamento estuvo influida por varias de las imágenes de Dark Water.

3.- Pelts: una pieza poco conocida del archi-conocido director italiano Dario Argento. Creador del género giallo y uno de los más grandes exponentes del cine de terror, esta obra de Argento posee una estética que, sin lugar a dudas, no dejará a nadie indiferente – particularmente la escena que hace honor al título del filme –. Como si fuera poco, la película en cuestión está protagonizada por Meat Loaf: así es, sus fans no sólo podemos disfrutar de él a través de sus discos o en algunas de sus otras actuaciones, ya sea como Eddie en El show de terror de Rocky y como el papá de Jack Black en The Pick Of Destiny, sino que aquí también aparece haciendo gala de sus dotes actorales.

4.- Dolls: esta es un poco más conocida, ya que se trata de una película de culto, a pesar de estar inserta en la clasificación del cine de serie B. Dirigida por Stuart Gordon, grabada en Italia en 1985. Como toda buena película de terror de los 80’s, los efectos especiales en Dolls dejan mucho que desear, empero, para todos aquellos que al igual que Homero gritan despavoridos con sólo escuchar la frase “títeres de trapo”, esta cinta resultará ser toda una experiencia aterradora.

5.- Pinocchio’s Revenge: Sí, sí, todos conocemos a Chucky, el “muñeco diabólico” por antonomasia, pero pocos conocen la terrible historia detrás de la película de La venganza de Pinocho. Dirigida por Kevin Tenney en 1996, esta es un largometraje que ocasionará pesadillas a grandes y a chicos, comenzando por el espeluznante muñeco protagonista de la historia.

¿Y ustedes, cuántas películas de estas recomendaciones ya conocían?

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¿Cuántas lunas?

¿Cuántas lunas habré observado antes de dormir? ¿Cuántas de ellas me habrán bañado con sus rayos repletos de melancolía y tristeza? ¿Cuántas veces habré deseado desvanecerme en esos parajes nocturnos? ¿Cuántas lunas habrán sido testigos silenciosos de mi angustia y soledad? ¿Cuántas lunas habré observado antes de dormir, deseando no ver ni una sola más?

In My Restless dreams…

Yo comencé en el mundo de los videojuegos desde muy niño, como ya había mencionado en muchas otras entradas; y desde siempre me ha gustado todo lo relativo al mundo del terror, como también he mencionado en entradas anteriores; en consecuencia, los videojuegos de terror siempre fueron algo por lo que sentí una especial atracción.…

Si algo me pasa, los quiero…

Pocas veces me encuentro con algo tan desgarrador como el cortometraje del que les vengo a hablar el día de hoy. Si algo me pasa, los quiero es un filme escrito y dirigido por Will McCormack y Michael Govier ganador del Oscar a “Mejor cortometraje de animación” en el año 2021, y cuando uno lo…

Literatura, muerte y desesperación: crónica de un país despedazado

Sí, sé que desde el título de esta ocasión no se muestra ninguna luz de esperanza en las palabras que vienen, pero es que después de leer “La parte de los crímenes” de la novela de Roberto Bolaño titulada 2666, no pude pensar en otro título, y sinceramente, no quise pensar en otro.  

Roberto Bolaño es uno de los grandes escritores latinoamericanos de los últimos 30 años. De origen chileno, el escritor fallecido en 2003 ha dejado obras imprescindibles para la literatura latinoamericana (y por qué no decirlo, para el mundo literario en general) como lo son Los detectives salvajes y Nocturno de Chile, sin embargo, la obra de la que hoy les vengo a hablar es su última novela, publicada de manera póstuma con el título de 2666.

La lectura de esta obra es complicadísima, no sólo por la enorme extensión de la novela (entre 1,000 y 1,200 páginas, dependiendo de la edición), sino que el tema que inunda sus cuartillas es indigesto, al grado de que por momentos uno desea cerrar el libro y no volverlo a abrir, y es que el hilo central de 2666 son las denominadas “Muertas de Juárez”, aquellas mujeres que a principios de la década de los noventas del siglo pasado pusieron, lastimosamente, a México en el mapa del mundo.

2666 le da un nombre y una historia a todas aquellas mujeres que fueron brutalmente asesinadas en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, México, sólo que en la novela de Bolaño la ciudad en la que acontecen los crímenes es conocida como “Santa Teresa”.

La obra en cuestión estaba pensada para publicarse como cinco novelas por separado, sin embargo, a la muerte de Bolaño, su editor y su esposa decidieron publicarla como una sola; aun así, si uno se acerca a la obra puede constatar que, efectivamente, el libro puede ser leído como si se trataron de cinco obras independientes. “La parte de los crímenes” es aquella en que se relatan la muerte de 110 mujeres, de las cuales, se narra con lujo de detalle la forma en que fueron violadas, torturadas y finalmente, asesinadas. En lo personal, nunca había tenido que enfrentarme a un texto como el de Bolaño, en el cual, repito, se describen 110 asesinatos de mujeres. La experiencia literaria de eso es sui generis.

Sin lugar a dudas, es cuestionable la estrategia de Bolaño, ya que al querer denunciar la ola de violencia inaudita que significaron en ese momento las «Muertas de Juárez”, somete al lector en una orgia esquizofrénica de sangre, violación anal y estrangulamiento, entre otros actos propios de la barbarie. ¿Por qué leer, entonces, 2666?, La respuesta es sencilla: se trata de una obra maestra, tanto en su forma como en su contenido.

Antes que nada, aclaro: no he leído la obra completa, sólo “La parte de los crímenes”, por lo que todas mis opiniones remiten, obviamente, a dicha sección de la novela.

Al leer la presente obra de Bolaño, el lector se sumerge en una distopia, un lugar que parecería no pertenecer a este mundo en el que la impunidad y el crimen se mezclan con la droga, la brujería, la pobreza extrema, el american way of life justo a unos pasos de la frontera norteamericana, todo narrado con una cercanía y familiaridad con la que el autor logra transportarnos a esa “Santa Teresa”, tan lejana pero a la vez tan real para nosotros los mexicanos.

Como dije, no puedo dejar de pensar en un título como con el que nombro la presente columna, debido a que, las «Muertas de Juárez” nos sumergieron a todos los mexicanos en un país que comenzaba a demostrarse como hoy lo vivimos: una tierra violenta, sin futuro alguno para varios sectores de la población, con un sistema impune y corrupto, y que parece que no va para ningún lado. Ese México trágico de 2666 se multiplicó a la enésima potencia en los años posteriores a la presentación de esos casos, porque si en ese momento las «Muertas de Juárez” paralizaron a la opinión pública en México y allende sus fronteras, nadie se imaginaba cómo se pondría la situación unos años después, cuando la cifra en promedio en toda la República Mexicana de mujeres asesinadas asciende, hoy por hoy, a nueve mujeres privadas de su vida por día. Aquella pesadilla que antaño le aparecía a Bolaño y a muchos otros como un problema endémico de una región del país, hoy se extiende por todo el territorio mexicano.

La lectura de este texto se inscribe en un curso que tomé en su momento con el célebre escritor mexicano Jorge Volpi (En busca de Klingsor), curso en el cual el profesor nos comentó que la idea de leer una obra como 2666 es, por una parte, hacer caso a la denuncia que un texto como ese pretende lanzar, lo que nos lleva a re-pensar nuestra actualidad; por otro lado, la lectura de una novela como la de Bolaño tiene por objetivo, más allá del morbo inútil e improductivo, generar empatía con todas aquellas mujeres que en su momento fueron una estadística más, pero que gracias a una obra como 2666, ahora tienen un nombre, y su historia ha sido contada. Lo escalofriante de la novela es que, entre tanta locura, uno puede ir adivinando que la realidad actual encuentra su eco en la ficción desarrollada por Bolaño: en ninguno de los 110 casos se encuentra al culpable de los homicidios. Como dije, esto no es ningún spoiler, sino que es el sentimiento tan (desgraciadamente) familiar con el que lector convive desde la primera lectura de los casos.

En conclusión, 2666 se trata de una obra sólo apta para estómagos fuertes, pero indispensable para todos aquellos interesados en la violencia de género y los feminicidios, cuestiones que, desafortunadamente, parece que se incrementan día a día en nuestro país.

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Metalocalypse: una serie BRUTAL

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6 discos de rock mexicano que nadie te ha recomendado

Nuestro país lleva años en los que la discusión entre muros, dimes y diretes sobre “nacionalismo y diplomacia” y el tema del consumo de los productos nacionales no han sido poco recurrentes, por lo que se me ocurrió que era buen momento para recomendarles a todos ustedes seis discos de rock mexicano que, muy probablemente, sólo algunos de ustedes hayan escuchado. Lo último se debe a que se trata de grabaciones que pertenecen al sub-género conocido como “rock urbano”. En realidad, el término no es muy bien visto ni por la mayoría de los conocedores del rock en México, ni por las bandas integrantes de dicho movimiento, ya que la etiqueta “urbano” inició únicamente como una aproximación para traducir el término inglés de underground, es decir, todo aquel rock que no formaba (y sigue sin hacerlo) parte del rock comercial o, en un término utilizado más recientemente, del rock mainstream. Dicho lo anterior, en esta lista no encontrarás ni el Re de Café Tacuba, ni El circo de Maldita Vecindad, ni ningún álbum de los Caifanes o Zoé. Sin más que decir, aquí les dejo seis discos de rock mexicano que nadie les ha recomendado:

1.- Hotel Barcelona de Charlie Monttana: con más de treinta años de carrera, Charlie Monttana es, hoy por hoy, uno de los exponentes más importantes del rock en México. El maestro Monttana falleció apenas el pasado 28 de mayo. Conocido como “El Divo de Neza”, “El Verdadero Novio de México” o “El Vaquero Rocanrolero”, Charlie Monttana demuestra en Hotel Barcelona el por qué de aquella diversidad de motes. Se trata de una grabación donde hacen gala las trompetas y los saxofones, acompañados del rocanrol en su estado más puro y salvaje, pasando por increíbles arreglos de piano y acordeón, todo acompañado con la furia e inmundicia que ha caracterizado a Charlie Monttana desde sus primeros pasos. Canciones como “Llegaste borracha”, “Por eso te quiero yo” o “Pinche Pancho” son muestra de lo anterior; a la par, el disco tiene momentos donde se tocan fibras sensibles, como en la canción “Sola”, que cuenta las desventuras etílicas de una chica solitaria: “Recuerdo haberte visto borracha en una chelería del Chopo, empapada de cerveza […] ‘necesito que me amen, no voy a dormir sola esta noche’”. Uno de mis discos favoritos y una verdadera joya que hay que darse la oportunidad de escuchar.

2.- Valedores juveniles del Haragán y Cia: cualquiera que se haya subido alguna vez a “la pesera” o al metro de la Ciudad de México ha escuchado alguna de las canciones (o varias) de este disco, y es que todas – ¡todas! – las piezas de esta grabación se han convertido en himnos de “la banda” con el pasar de las décadas. Desde “Él no lo mató” hasta “Basuras” pasando por “No estoy muerto” todas son canciones impregnadas de rocanrol y sentimiento, fieles documentos de esa selva de asfalto llena de perros muertos y niños en avanzado estado de ebriedad.

3.- Trolebús en sentido contrario de Trolebús: “ayer me acordé de ti mirando a dos perros hacer el amor” es la frase con la que comienza “Balada chilanga”, uno de los puntos más exquisitos de este disco. Nos encontramos ante una grabación que no deja de sorprender por su ritmo y sus letras, todas ellas narraciones de la vida cotidiana, tal y como lo demuestra “Barata y descontón” que cuenta una riña entre pandillas de barrios antagónicos: “Una tropa regandalla se ha manchado con el chavo, y fue a traer a su banda pa’ que le haga el paro”, o “El trolebús”, que cuenta el fastidio enajenante e interminable de, día tras días, tomar el transporte público: “Colgado del tubo a medio desvelo despiertas en el trolebús, sudando el boleto apretado en las manos, sudando entre la multitud”. Vale la pena también mencionar “Agua de riñón”, denuncia de carácter político. Trolebús en sentido contrario es un disco obligado para todo aquel que se jacte de ser conocedor del rock en México.

4.- Ella ya murió de Sangre Avándaro: No ha habido nadie a quien yo haya recomendado este disco y no lo haya amado. Se trata de una grabación llena de blues y rabia. Hay un grito desesperado en este disco, uno que se deja ver en temas como “Políticos huevones”, una protesta implacable contra el sistema político mexicano y aquellos que se autodenominan como los representantes del pueblo. En “Él se largó” se cuenta la historia de un joven cualquiera, inadaptado a todas luces, que “ante tanta enajenación” decide salir del país, sólo para terminar volviéndose total y absolutamente loco. El disco también tiene canciones que, para cualquier adolorido o adolorida, se convertirán prontamente en himnos para la borrachera, como “Déjalo” o “Con el esqueleto profundo”.  Sin lugar a dudas, una obra sólida se le vea por donde se le vea.

5.- Andén acústico de Sur 16: decidí no meter en esta lista Hurbanistorias de Rodrigo González debido a que “El Rockdrigo” está considerado como parte del movimiento denominado como “Rock rupestre” más que en el del “Rock urbano”, así que cuando pensé en un disco que se le asemejara, vino a mi mente Andén acústico de Sur 16. Andén acústico es una grabación compuesta por canciones llenas de puro sentimiento callejero. Piezas como “Policía chacal”, “Ángel callejero” o “Calles húmedas” son relatos melancólicos sobre el día a día de esta ciudad tan llena de matices. Otra vez, para los adoloridos recomiendo “En dos”, canción que al escucharla se les “quemarán las manos” por hablarle al ex-novio o la ex-novia y pedirle que lo vuelvan a intentar.

6.- Viajero de Banda Bostik: conocida como “La banda de las bandas”, la Bostik demuestra en este disco cómo es que se ganaron tan alto peldaño dentro de la pléyade de bandas de “urbano”. Viajero es un álbum que no deja de impresionar por la rudeza de sus acordes y sus letras, todas ellas una mezcla de sentimiento a flor de piel y denuncia: “la lluvia cae y el viento sopla triste, y mis recuerdos son tristeza y dolor, recordando a la madre triste que por el hijo inmigrante está pidiendo al Señor”. Otras canciones como “Dolor de madre”, “Tlatelolco” y “Reclusorio Barrientos” también son una buena prueba de ello. En palabras del propio “Guadaña”, líder y vocalista de la emblemática banda, mencionadas en el concierto de aniversario en el Teatro Metropólitan llevado a cabo el 8 de marzo del presente año, Viajero es el mejor disco de toda su carrera.

Para terminar, les dejó una frase de la canción llamada “Pinche vatito” de Charlie Monttana que me pareció adecuada para finalizar el presente texto, dado el contexto que mencioné en las primeras líneas: “Yo sé que tú pensabas que todo era gringo, que sentirte Mötley Crue era lo chido, ¡no, eso no es chido!”.

¿Y ustedes, ya conocían alguno de estos discos?

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